según desvela Intermón Oxfam, España es, después de Chipre, el país donde mayor es la brecha entre ricos y pobres. Un síntoma de lo mal que van las cosas a pesar de las soflamas oficialistas y de los datos que algunos telediarios amigos se empeñan en mostrarnos. Pues bien, el 25% de los españoles viven sumidos en la pobreza. Uno de cada cuatro, nada menos. Se trata de una de las principales consecuencias de la crisis, porque la desigualdad se ha acentuado en los últimos años. Dos velocidades: una para los ricos y otra para el resto. Ahora mismo, el 10% de los españoles más ricos posee el 56,2% de la riqueza. O sea, entre 4,2 millones de personas acumulan lo mismo que los 42,6 millones restantes. Y va a más. El año pasado, se registraron 20 nuevos millonarios cada día. Al mismo tiempo, el 30% de la población veía cómo su economía se reducía un tercio. Vasos comunicantes, evidentemente. Unos viven mucho mejor a costa del empobrecimiento de la mayoría. Esta es la sociedad a la que nos encaminamos, la que estamos construyendo, la que legaremos a nuestros hijos. Que entre Amancio Ortega, su hija Sandra Ortega Mera y el presidente de Mercadona Juan Roig atesoren lo mismo que 14,2 millones de habitantes de su mismo país es, simplemente, obsceno.
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