vamos con una columna a contracorriente. No es la primera vez que expreso aquí mi firme y contundente oposición al soterramiento de la estación del tren en Vitoria, sobre todo si esto implica trasladar la estación a Lakua como decían los antiguos proyectos antes de que se enterrasen y que ahora parecen haber resucitado. Una de las principales virtudes del tren con respecto, por ejemplo, a los aviones, es que te traslada del centro de una ciudad al centro de otra. Eso se acabaría con un nuevo apeadero en las afueras, amén de los años de insufribles obras y la millonada que supondría esconder las vías a los ojos de los ciudadanos. Yo llegaría a otro acuerdo con Fomento: renuncio al soterramiento y a cambio me financian una estación en superficie más decente de la que tenemos, la extensión del tranvía a los nuevos barrios y el soterramiento, éste sí, del tráfico en la rotonda de América Latina. Ganaríamos todos y aún sobraría dinero, probablemente. Pues bien, podemos invertir el resto en quitar el tranvía de General Álava -a ver si así se logra resucitar a esa calle a la que han matado- en financiar el BTT y los nuevos autobuses que tanto hacen falta y hasta en regenerar la calle Santo Domingo y otros espacios depauperados en el Casco Viejo. Y a mirar como las vacas al tren, que bien bonito es.
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