es hora de cambiar algunas costumbres. Hace ya un tiempo que Vitoria dejó de ser un pueblo para convertirse en una ciudad de considerable tamaño y, sin embargo, continuamos aferrados a algunos usos en absoluto admisibles y del todo perjudiciales para la convivencia. La armonía entre conductores, peatones y ciclistas sigue dejando mucho que desear, por parte de unos y otros. Es cierto que los habitantes de la Vitoria antigua, o sea los viejos, continúan cruzando las carreteras por donde les viene en gana, muchas veces en diagonal y directos hacia su objetivo sin importarles el tráfico y las normas. Y también es sabido que en esta ciudad son escasos los que tienen interiorizado frenar cuando se acercan a un paso de cebra. Es más, si el peatón se muestra mínimamente cohibido, la táctica es acelerar para hacerle desistir definitivamente de su empeño en cambiar de acera. El otro día, un coche se llevó por delante a un anciano discapacitado que atravesaba la carretera en su silla de ruedas. El hombre, que afortunadamente salvó la vida, ha pasado las navidades postrado en el hospital con la cadera rota. Seguro que lo primero que se están preguntando ahora es si cruzaba a su bola o por un paso de cebra. ¡Que da igual, joder! Si ven a un peatón cerca frenen y ya.
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