Estoy segura de que alguna vez habrán visto a Bill Murray en Atrapado en el tiempo, ese bucle sin fin que en torno al Día de la Marmota atrapa día tras día en el mismo día al prota. Pues oiga, mucho me temo que tenemos a la política patria en fase Día de la Marmota. Ahora que termina 2015 y empieza 2016, ese momento de abrazar nuevas esperanzas, de empezar nuevos coleccionables tipo juegos de té ingleses, de ir al gimnasio -este año sí-, de aprender alemán, de dejar de fumar, tenemos al patio político atragantado con las uvas. Lo de Catalunya no sé cómo acabará, no hay guionista de Hollywood lo suficientemente retorcido para averiguar el final de la saga del procés, quizá hoy mismo, empates de la CUP mediante. Esto es lo estrambótico, lo auténticamente cruento me da la sensación de que se vive en Ferraz. Una teoría descabellada y sin fundamento: podría ser que a cierta baronesa no le viniera mal torpedear la formación de Gobierno -de color ajeno o propio- para forzar una repetición de elecciones generales y, de por medio, renovar dirección del partido y candidato. Podría ser que a algún triunfador del 20-D tampoco le viniera mal explotar la cresta de la ola. Podría ser que en el cálculo de otros tampoco importara mucho probar suerte. Entre tanto, urte berri on.
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