hoy es noche de licencia y día de buenos propósitos y desde los votos de Gorka Urtaran por una Gasteiz mejor a pesar de sus penurias -las del alcalde y las de la ciudad- hasta las clásicas intenciones de diario de Bridget Jones de dejar de fumar, dejar de beber, ir al gimnasio tres veces por semana y no coquetear con el jefe, todos nos deseamos paz y prosperidad. Sin embargo, entre tantas grandilocuentes palabras me he quedado con el deseo que le escuché decir a un aldeano de la Llanada alavesa en una radio: “Que en invierno haga invierno y en verano, verano”. Puede que pensara en las amenazas del cambio climático con la resaca de la cumbre de París, el primaveral diciembre que hemos tenido, la nieve navideña que en Siberia-Gasteiz hace años que brilla por su ausencia, los incendios en la cornisa cantábrica o las inundaciones en Inglaterra. Pero quizás el hombre no aludiera sólo al clima, sino también a la intimidad del fuego invernal, a los alegres efluvios estivales, a los hábitos de vida saludables y sostenibles, al calor de las relaciones humanas y, en definitiva, al deseo de volver a la esencia de las pequeñas cosas. Así que, pese a todos esos jeremías que no paran de quejarse del frío en invierno y del calor en verano, que el invierno siga siendo invierno y el verano, verano, claro que sí. Urte berri on!