Cui prodest?
ya quisieran muchos comerciantes o pequeños talleres del centro de Vitoria que, al verse sus negocios de capa caída con la crisis, se les abriera la posibilidad de hacer una onerosa operación de reconversión con la inestimable colaboración del Ayuntamiento. Bastaría con que les recalificara el local y se lo vendieran a una gran cadena -en ese orden, claro- para recaudar una bienvenida plusvalía. Es, más o menos, lo que hizo el propietario de los Guridi cuando el negocio de la proyección de cine en el centro flaqueaba. Le bastó tener paciencia y esperar durante casi diez años el momento de un pelotazo al que Jorge Ibarrondo no se atrevió, Juan Carlos Alonso se negó en redondo y Miguel Garnica terminó consumando, con la aquiescencia del PNV. ¿Y qué ganó la ciudad? Se ha debido acabar el período de rebajas para las gangas, pues lo que le valió a los Guridi no cuela ahora para Marianistas, y eso que los curas, ajenos al lucro, sólo aspiran a tener un campo de fútbol decente y hacer algún arreglillo en el colegio. Quizás, eso sí, ocasionando con la operación de Mercadona alguna molestia al pequeño comercio y al tráfico de la zona, precisamente cuando se pretende potenciar las tiendas de cercanía y la movilidad urbana sostenible. Y la pregunta sigue siendo la misma: ¿qué gana la ciudad?