Jugadores franquicia
en la NBA tienen muy claro que hay jugadores especiales, de esos que son capaces de convertir un equipo bueno en campeón. Marcan la diferencia y no solo por su calidad intrínseca, sino por su ascendencia sobre los compañeros, por convencerlos de que no hay rivales inaccesibles, en definitiva, por hacerlos mejores de lo que ellos mismos estarían dispuestos a admitir. Los llaman jugadores franquicia, son los elegidos a los que hay que rodear de peones de mayor o menor calidad en función del dinero disponible para repartir una vez apartado el pico más importante del sueldo destinado a la plantilla. De esto sabe mucho el Baskonia, que ha basado muchos de sus éxitos en nombres fundamentales que han pasado por el club a lo largo de su historia. El último jugador franquicia data de 2010 y con él, Tiago Splitter, ganó su última Liga. Tras unos años de declive ha llegado Bourousis. Y el grupo que se antojaba anodino se está transformando en un equipo poderoso, todos juegan al máximo nivel. En el Alavés ocurre algo similar con Toquero, un fichaje que se antoja fundamental para entender la excelente trayectoria rubricada ayer con el triunfo ante el Córdoba. Ambos cuentan con entrenadores que saben muy bien de qué va esto, claro. Si no, sería imposible.