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Prescriptores vecinales

algún teórico semiótico concluyó en cierta ocasión con innegable clarividencia algo así como que los medios de comunicación quizás no lleguen a tener el poder de condicionar qué piensan los ciudadanos, pero sí sobre qué piensan. A las asociaciones vecinales de Vitoria parece que les asiste algún poder similar, pues los alcaldes se desgañitan sobre la forma de estar a bien con esta suerte de prescriptores de barrio, que quizás no sean más de media docena. La agenda de un alcalde tendría que estar llena de citas para escuchar a vecinos y colectivos que tengan un discurso articulado sobre el modelo de ciudad que tenemos y el que queremos para la próxima década -tan importante es analizar lo primero como definir lo segundo- e ideas que aportar sobre aquellos ámbitos sociales, culturales, económicos que conocen y en los que están comprometidos. Y sin embargo, a resultas de la presión de los autodenominados líderes vecinales, a menudo los munícipes se pierden, por alguna extraña razón, pensando en cómo llevar el tranvía hasta el portal de cada uno, cómo remozar la fachada de un centro cívico, cómo pagar la subvención de una asociación o de qué color pintar las farolas. A veces lo importante no son tanto las demandas de los vecinos como la pregunta que se les hace.