Tesoro enterrado
Esta ciudad es una caja de sorpresas urbanísticas. Otro día entraré en el tema de los edificios de reciente construcción a los que se les cae el envoltorio, ya sea de cristal o de ladrillo caravista, aunque bien pensado quizás esta cuestión esté relacionada con la que voy a abordar: el hallazgo de restos de obra en el subsuelo del campo de fútbol de Arriaga. Hace unos meses, el Ayuntamiento realizó un concurso para construir unos vestuarios nuevos. Cuando la empresa ganadora fue a mover el terreno para la cimentación, se encontró con que en el subsuelo, hasta una profundidad superior a los tres metros, había un variado relleno de vertidos de obra: plásticos, ladrillos, metales... Seguramente, los responsables del galardón green que recibió Gasteiz hace unos años (al menos fue gratis: el gastronómico hubo que comprarlo, lo cual nos hizo avanzar puestos en la escala de ciudades idiotas, hasta rozar podio) desconocían este pequeño tesoro de desperdicios bajo un campo de fútbol. De hecho, hasta hace unos días lo desconocíamos todos. Y como estas asquerosas prácticas sólo se realizan para ganar más dinero, ¿quién garantiza que otras zonas del subsuelo de la ciudad no están en las mismas condiciones? ¿Temiéndonos lo peor nos acercaremos a la verdad?