Gracias Jordi
este es uno de esos días en los que me reconcilio con mi vocación. Y estoy seguro de que, aunque no lo digan porque somos así de envidiosos, hay muchos colegas que piensan igual. Jordi Évole ha marcado un antes y un después en el periodismo político. Se acabaron los plasmas, las comparecencias o declaraciones sin derecho a preguntas, los debates teledirigidos por los asesores. Se acabó, creo yo, después del emocionante cara a cara entre Pablo Iglesias y Albert Rivera. No sé si alguno de ellos gobernará a partir del 20 de diciembre, tampoco estoy seguro de si lo harían bien, mal o regular. No fue esa la conclusión principal que yo extraje del debate, en todo caso. Lo que cambia, o debería cambiar, a partir de este histórico programa es el papel del periodismo. Fue una lección, una reivindicación absoluta de la profesión. A partir de ahora el resto de los políticos tendrán que espabilar para captar la atención de la ciudadanía, bajar a la arena, dejarse de circunloquios y comprometerse porque, si no, el periodista pinchará y repreguntará hasta que la gente, su verdadero y único patrón, lo tenga claro del todo. Pero no solo los políticos habrán de cambiar, también nosotros. Llevamos demasiado tiempo plegados a intereses espurios y así nos va. Gracias Jordi.