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Mesa de Redacción Al otro lado, por Miren Ibáñez

Trabajo de campo. Llegas con el coche a la puerta de garaje, le das al mando para abrirla. Esperas con el coche embocando la entrada al aparcamiento y se acerca algún peatón por la acera. La puerta va subiendo. El peatón llega a la altura del garaje. La puerta sigue subiendo. El peatón gira su cabeza hacia el interior. 99% de los casos (me guardo el 1% por cubrirme las espaldas). ¿Instinto de supervivencia o pura curiosidad innata? Me tiene fascinada el fenómeno, se lo aseguro. Digamos que me parece lógico el vistazo hacia el interior si en la calle no se ve ningún coche con intención de cruzar la entrada, por aquello de seguir viviendo y tal, no sea que aparezca algún bólido de las entrañas de la tierra. Pero sospecho que, en general, la mirada curiosa al interior del garaje no tiene su origen en el comprensible interés del ciudadano/a medio por seguir de una pieza -que también- sino en una no menos atávica y ancestral necesidad de saber y explorar. Exagerando un poco, si me permiten, Cristóbal Colón echaría un vistazo al otro lado de la puerta, aunque él se adentraría, rollo Julio Verne en viaje al centro de la Tierra. Así, atemperados, descubro en mis conciudadanos a estos modernos doctores Livingstone. Mi duda es: ¿hago yo lo mismo y no he sido consciente? Me vigilaré.