Mesa de Redacción Recordar
Va una de encuestas. Llegó hace ya unos días al e-mail un sondeo periódico que realiza Adecco entre niños de 4 a 16 años titulado ¿Qué quieres ser de mayor? Echando una legañada tierna al cuadro de profesiones veo que, a pesar de todo, pocas cosas parecen haber cambiado: ellos quieren ser sobre todo futbolistas y ellas, profesoras. No juzgo, solo constato. Y me encuentro con un apartado en el que preguntan a los infantes sobre el paro. Esto me interesa, porque, como escribió Saint-Exupéry en la dedicatoria de El principito, “todos los mayores han sido primero niños. (Pero pocos lo recuerdan)”. A tenor de algunas de las respuestas, la chavalada tiene bastante claro qué es eso del paro, lo que quizá debería hacernos reflexionar sobre lo mal que lo estamos haciendo los adultos. Y no hablo de que no seamos capaces de preservar su inocencia y protegerles de la dura realidad al menos durante la infancia. Sino de nuestra gestión de la realidad, para que sea tan nefasta que un crío tenga claro que “el paro es el culpable de que mucha gente pierda su casa, todas sus cosas y, a veces, hasta a su familia”. ¿Saben qué responden cuando les preguntan qué hace falta para que un país vaya bien? Empleo, buenos políticos, valores positivos. Debe de ser que los humanos, efectivamente, al crecer nos olvidamos de que fuimos niños.