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Mesa de Redacción Bailando, por Miren Ibáñez

Aprovechando que ayer la chavalería tomaba el relevo festivo, llega el momento quizá de hacer un primer balance provisional de esta edición de las fiestas de La Blanca. Este año me estoy fijando en el tema coreográfico. En un momento dado de alguna de estas noches pasadas creo que llegué a desarrollar alguna elaborada teoría socio-etno-antropológica sobre la danza como elemento socializador aglutinador o algo así. Empezando más o menos por el principio, creo, la cosa es que la cuadrilla entró en modo soy una taza, una tetera, una cuchara... Este fue el punto de no retorno. El caso es que a partir de ahí me he estado fijando en que las cuadrillas de blusas y neskas han evolucionado mucho en el tema coreográfico. Del bote incontrolado y sin rumbo habitual, algunas cuadrillas han pasado a ejecutar bailes con una coordinación y ejecución digna del escenario del Bolshoi. Y me pregunto si, en el fondo, no es esto otro modo de danza ancestral, como las tribus en torno al tótem o la hoguera, si el baile del pueblo y para el pueblo no es otra forma de comunión social, otra manera de integrarnos en la tribu y reafirmar nuestra pertenencia al grupo, a lo largo de la historia, la geografía y las culturas. Dancemos pues.