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Mesa de Redacción De fiestas y nevadas

dicen que hay dos momentos en los que un alcalde de Vitoria se la juega: la bajada del 4 de agosto y la primera nevada. A Gorka Urtaran estas fiestas le han pillado un poco a contrapié. Salió alcalde casi sin esperárselo y en dos meses escasos con la makila apenas ha tenido tiempo de hacerse a la idea, poner orden en la casa consistorial, aclararse con las cuentas -aunque ya ha empezado a avisar con la letanía de la herencia y de que no hay un duro, como anticipándose a ponerse la venda- y sacudirse las pegas que se apresuran a sacarle los agoreros de turno a derecha e izquierda, además de los codazos de Javier Maroto en la balconada de San Miguel. Para empezar, la subida de Gorka Ortiz de Urbina ha sido este año impecable y Urtaran parte con la ventaja de que todo alcalde cae bien en fiestas, como demuestra la confraternización con la que le tratan los blusas en la calle. Otra cosa serán las tormentas que le aguardan en invierno entre los presupuestos, los peajes de Bildu, las pataletas del PP y demás rifirrafes de miras cortas a los que nos acostumbra la vida municipal vitoriana y cuyos nubarrones no nos dejan ver qué ciudad queremos hacer en estos cuatro años. Aparte de que en Vitoria nieva, claro, aunque suene surrealista decirlo ahora. Gorka se lleva etxekolanas para estas vacaciones.