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El mimbre

Las dudas abundan en esta profesión como en cualquier otra, aunque la duda debería ser nuestro estado natural: ya hay quien escribe y proclama verdades absolutas, y sólo por hacerlo creo que se equivoca. Cuando empecé como periodista deportivo, ante cualquier error intentaba convencer a mis jefes para corregirlo en la edición del día siguiente. No siempre lo conseguía. Uno de ellos solía contarme una anécdota que quizás algunos de ustedes conozcan y que empleaba para evitar que el error sangrara. Omitiré nombres. Una tarde en el frontón Euskal Jai de Huarte, donde el remonte es rey, una de las grandes figuras debió de completar un partido excelente. Un cronista lo relató arrebatado: “X hizo maravillas con el miembro”. Bien. Al día siguiente, el diario incluyó una rectificación: X no había hecho maravillas con el “miembro”, sino con el “mimbre”. Se enteró toda Navarra, claro. Y aquí estoy ahora, dispuesto a no dejar pasar la oportunidad de exponer los errores que cometí, porque fui yo, en las páginas de los junteros. Mis disculpas a Lucía García, Asela Ortiz de Murua e Iñaki Larrimbe por haberlos convertido en procuradores; y a Marta Alaña, Koldo Martín y Daniel Trujillano por haberlos dejado fuera del legislativo alavés. Maldito mimbre.