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Mesa de Redacción Como ir al cine, por Julio Iturri

no son pocas las grandes producciones cinematográficas de Hollywood que gracias a una colosal interpretación o una espectacular escenografía han cosechado éxitos sin parangón? aun cuando estaban rodadas a partir de una idea mediocre. Y es que el arte del cine también consiste en convertir un guión pobre en una gran película. Y tampoco son escasos los ejemplos de películas independientes, de sencilla realización y nada pretenciosas que, sin embargo, esconden una gran historia. Está claro que el fondo y la forma -ya lo dijo Aristóteles- deberían ir de la mano, pero nadie es perfecto. Y luego están las películas de serie B, que no tienen ni una cosa ni la otra, aunque nos cuentan una peli de buenos y malos y sirven al menos para entretener. Pues bien, algo parecido ocurre con los candidatos que se presentan a estas o cualesquiera otras elecciones. Hay algunos que encandilan con cuidadas técnicas oratorias, con una atractiva puesta en escena o con una rompedora estética 2.0 pero luego no tienen ningún mensaje detrás. Mientras otros son más sobrios, saben a qué juegan, qué tipo de ciudad quieren construir y tienen una historia creíble, aunque no la cuenten con luces de colores. Y es que a veces ir a votar es como ir al cine, y a veces hasta con palomitas.