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Mesa de redacción Ministro muy wert , por Miren Ibáñez

SOSTIENE el señor de la perilla que lo que le pasa al ministro Wert es que funciona en modo tertuliano. Yo, que soy más de trazo grueso, defiendo la teoría de que al ministro le va el sadomasoquismo y le pone que le abucheen incluso cuando va a comprar el pan. Si es que él compra el pan, que lo dudo; imagino que enviará a este tipo de tareas a alguien que no alcance el 6,5 de media -¿por qué 6,5? ¿por qué no 6 o 7?-; ya saben, tipo Aznar en el PREU sólo que sin posibles. En cualquier caso, el ministro Wert va camino de acuñarse a sí mismo como concepto: ser un ministro wert o echar gasolina, tirar la cerilla, dejar que todo arda, lucir risita satisfecha y, cuando ya te has regodeado en la satisfacción que genera saber que tú solo eres capaz de poner de acuerdo a las dos españas, abrir la manguera y lucir mono conciliador sin demasiada convicción, un pasito p'alante María, un pasito p'atrás. No entraré en el fondo del tema de las becas, que al final es lo importante, sino en las formas. Porque las formas en política dicen mucho. Yo podría confiar en el señor Wert -creo que no, pero hagamos un ejercicio de ciencia-ficción-, en sus bienintencionados propósitos sobre reconocer el esfuerzo y, por elevación, en su tino reformador para mejorar las fallas que en el sistema educativo ha creado la eficaz labor de los partidos políticos, que se piensan que las cosas de comer son su cortijo particular. Pero luego me sale usted con unas cosas señor Wert, con sus formas de cacique perdonavidas, y despeja cualquier duda. Como tertuliano no tiene precio; como ministro, yo le retiraría la beca.