Es curioso. De algún modo, me alegra al tiempo que me divierte. Hablo de las lecciones de dignidad que nos está dando Sudamérica a los siempre paternalistas y superiores ciudadanos de esta artrítica Europa. A ver si me entienden, no hablo de chavismos ni de kirchnerismos, mi opinión sobre el poder político no es demasiado buena se ejerza en el cono sur o en el cono norte. Pero no quiero despistarme. Hablo de Brasil. Cuentan las crónicas que el país vive sus mayores movilizaciones de los últimos tiempos, muy por encima de las que en 1992 se produjeron contra el infausto Fernando Collor de Melo que acabó abandonando la presidencia un mes después. Al personal se le han inflado las narices. La gotita que ha desbordado el vaso ha sido, al parecer, la subida de lo que equivale a siete céntimos de euro en el transporte público. No conozco nada la actualidad brasileña, pero sospecho que no se monta la que se ha montado sólo por eso. Decía en estas páginas el pasado viernes el gurú económico José Carlos Díez que en una crisis como la que atravesamos en Europa hay dos variables incontrolables: una es la de los famosos mercados, otra la estabilidad social. "En la calle todavía hay más miedo que ira", decía en referencia a España, "pero en algún momento estallará la violencia". Pues bien, en Brasil dicen en las calles que más mejorar los servicios públicos y menos gastar en magnos eventos deportivos, como la Copa Confederaciones de fútbol, ¡en el país del jogo bonito! Menos circo y menos vacilar al ciudadano, no es tonto. Que tome nota Madrid 2020.