El Ejército de Israel ha intensificado este miércoles su campaña de bombardeos en el sur de Líbano, causando al menos 17 muertos y 15 heridos. Los ataques se concentraron principalmente en el distrito de Tiro, donde la localidad de Tayr Debba sufrió el impacto de nueve bombardeos ejecutados por aviones de combate y drones, que provocaron nueve fallecidos y siete heridos, dejando a varias personas desaparecidas bajo los escombros. La ofensiva aérea también golpeó con dureza el barrio residencial de Al Masaken al Shaabiya, la localidad de Siddiqin —donde murieron dos personas y se destruyeron varias viviendas— y Deir Qanoun al Nahr, con tres víctimas mortales. En Sidón, el impacto de un dron contra un automóvil cerca de Bawaba al Fawqa mató a dos personas y causó un gran incendio.
Esta escalada armada coincide con la emisión de nuevas órdenes de desplazamiento forzoso por parte de Israel para las localidades de Qasaniyé, Humin al Fauqa y Ansariya. El portavoz militar en árabe, Avichai Adrai, justificó la medida por las presuntas "violaciones del alto el fuego" de Hizbulá y ordenó a los civiles trasladarse al norte del río Zahrani. "Todo aquel que se encuentre cerca de elementos de Hizbulá, sus instalaciones y sus medios de combate, pone en peligro su vida", zanjó.
La persistencia de las hostilidades, enmarcada en la ofensiva terrestre y aérea iniciada el pasado 2 de marzo, ha elevado el balance global acumulado de víctimas en Líbano a 3.696 muertos y 11.413 heridos, según el último informe del Ministerio de Salud Pública libanés. Todo ello ocurre a pesar del precario alto el fuego formalizado a finales de abril y de los mecanismos acordados la semana pasada bajo mediación de EE.UU.
Dicho pacto condicionaba la tregua a que Hizbulá cesara sus operaciones y se retirara al norte del río Litani, algo que el grupo chií rechaza al no contemplarse la retirada de las tropas israelíes ni garantías formales.
Las hostilidades actuales se reactivaron tras el asesinato del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, el 28 de febrero, lo que ha desencadenado una situación humanitaria que es ya alarmante. La ONG World Vision alertó de que más de 80.000 familias libanesas han sido forzadas a huir desde el 1 de junio, saturando albergues en Tiro, Sidón, Beirut y Monte Líbano. En total, el país registra 1,3 millones de desplazados, casi una cuarta parte de la población. "Los niños y niñas son quienes más sufren las consecuencias de esta crisis. Cada nuevo desplazamiento afecta su seguridad, bienestar y futuro", manifestó la directora de la organización en Líbano, Heidi Diedrich, quien reclamó apoyo urgente para garantizar refugio, agua y asistencia psicosocial.
En el ámbito político, el presidente israelí, Isaac Herzog, se dirigió en árabe e inglés a los ciudadanos libaneses y a su homólogo, Joseph Aoun, durante una gira por el norte de Israel. Herzog extendió "una mano de paz", pero bajo estrictas condiciones: "El Líbano debe permanecer libre de la influencia de Irán, Hizbulá y las organizaciones terroristas, como nación independiente y soberana". Asimismo, afirmó que su sueño de viajar a Beirut sigue vivo "solo si el futuro del Líbano se decide en Beirut, y no en Teherán", defendiendo el derecho legítimo de Israel a proteger a su nación frente a los ataques fronterizos. Mientras tanto, las partes se preparan para una compleja ronda de contactos prevista para el 22 de junio en Washington.