El Líbano atraviesa sus horas más oscuras desde que el pasado 2 de marzo estallara el conflicto armado con Israel, apenas dos días después del inicio de las hostilidades regionales entre EE.UU. e Israel contra Irán. En una jornada marcada por el recrudecimiento de la violencia, el país se enfrenta a una encrucijada existencial: buscar una salida negociada que frene la devastación o sucumbir a una destrucción total similar a la de la Franja de Gaza.

El presidente libanés, Joseph Aoun, ha comparecido este domingo en una rueda de prensa en Beirut con un mensaje de urgencia absoluta. Aoun ha defendido la necesidad imperativa de abrir canales de negociación con Israel para detener lo que calificó como una guerra "sin sentido". El mandatario ha sido tajante al advertir que el objetivo de la ofensiva israelí es replicar en el sur del Líbano el nivel de destrucción observado en territorio palestino. "Nuestro pueblo ya está cansado de las guerras", sentenció Aoun, quien ha intensificado los contactos con países aliados para forzar una intervención diplomática.

Sin embargo, el camino hacia la paz parece bloqueado por dos frentes. Por un lado, el presidente admitió que Israel aún no ha respondido a la petición de diálogo de Beirut. Por otro, la fractura interna amenaza la cohesión nacional. Aoun ha criticado duramente a los sectores que se oponen a la negociación, señalando directamente a Hizbulá. La formación chií, que se unió al conflicto lanzando cohetes en apoyo a Irán, rechaza cualquier cese de hostilidades mientras el Ejército israelí mantenga posiciones en localidades del sur libanés. Ante esto, Aoun fue claro: "La diplomacia no es rendición".

Beirut, bajo las llamas

Y mientras las palabras buscaban una salida en los despachos, los suburbios del sur de Beirut sufrían este domingo los ataques más feroces desde el inicio de la campaña militar. La aviación israelí lanzó al menos ocho oleadas de bombardeos consecutivos contra la capital, provocando columnas de humo visibles desde toda la ciudad.

Uno de los puntos más críticos fue el barrio de Al Miqdad, en la zona de Jnah. Allí, un proyectil impactó contra un edificio residencial de tres plantas en una zona densamente poblada, provocando la muerte de cuatro personas e hiriendo a otras 39. La proximidad del ataque al Hospital Universitario Rafik Hariri y al centro médico Al Zahraa dificultó las labores de rescate y aumentó el pánico entre los civiles. Pese a las órdenes de evacuación emitidas por el Ejército israelí en zonas como Ghbeiri —bajo el argumento de que los edificios son utilizados por Hizbulá—, la rapidez y contundencia de los ataques han dejado a la población sin refugio seguro.

La tragedia también ha alcanzado a las fuerzas regulares del país. El Ejército libanés ha confimado la muerte del cabo Husein Ali Nahle, caído en acto de servicio en la localidad de Kfar Hatta, en Sidón, tras un bombardeo israelí. Este ataque en el sur no solo se cobró la vida del militar, sino que, según el Ministerio de Salud, dejó un saldo total de siete muertos en la zona, incluyendo a una niña de apenas cuatro años.

Así, el número total de víctimas mortales de la ofensiva aérea y terrestre de Israel, según el último informe del Centro de Operaciones de Emergencia del Ministerio de Salud Pública, se ha elevado a 1.461 personas, mientras que los heridos alcanzan ya los 4.430.

El impacto en la población vulnerable es especialmente sangriento: entre los fallecidos se cuentan 129 niños y 97 mujeres. Además, el desplazamiento forzoso ha alcanzado dimensiones de crisis humanitaria sin precedentes, con más de 1,2 millones de libaneses obligados a abandonar sus hogares para huir de los bombardeos y de los intensos combates en el sur, donde Israel busca establecer una zona de amortiguación hasta el río Litani.

A la amenaza externa se suma además una tensión interna que amenaza con hacer saltar por los aires la paz civil. El Gobierno libanés tomó a principios de mes la drástica decisión de ilegalizar las actividades armadas de Hizbulá y prometió su desarme total, una medida que ha profundizado las rencillas que ya existían desde el verano pasado. El presidente Aoun ha calificado de "ilusiones" y "sueños" los intentos de arrastrar al país a una nueva guerra civil, pero la advertencia fue severa: "La mano que se extienda contra la paz civil será cortada".

El Líbano se encuentra hoy atrapado entre la maquinaria de guerra israelí y la resistencia armada de Hizbulá, con un gobierno que intenta desesperadamente validar la vía diplomática antes de que, como ocurrió en Gaza, la negociación solo sea posible sobre un paisaje de ruinas y decenas de miles de muertos.