No ha sido lo del alunizaje del Apollo XI -porque si a duras penas distinguimos el espectáculo digitalizado de la realidad ya hemos visto despegues de todos los colores en las plataformas de ficción- pero el lanzamiento del cohete de la NASA que rondará la Luna fue para verlo, sabiendo además que ha sido verdad. Fallecido Stanley Kubrik, los conspiranoicos no tienen mucho donde agarrarse porque todos sabemos que Ridley Scott lo habría rodado con un alienígena saludando desde una ventana.

Al margen de su innegable interés científico, la misión Artemis II da lecciones muy prácticas. Por ejemplo, que es imperioso incluir a un fontanero en las futuras expediciones. Que nada más despegar fallen el inodoro y el suministro de agua no habla muy bien de los plomeros de la NASA. Que las comunicaciones se pierdan un rato es para sentirse intranquilo -aunque el cine dice que es habitual-, pero que no corra el váter en un entorno donde no se puede abrir una ventana es preludio de rebelión. Pero calma; ya está resuelto

De todo ello, el que más aire intentará coger en los diez días de misión es Donald Trump. Lleva ganando la guerra a Irán tanto tiempo que ya necesita que se olviden un poco de ella en su país durante las dos semanas qmás ue ha anunciado que va a durar. Así que va a tener la Luna para señalarla estos días. Vano empeño; cuando uno lleva tanto tiempo empeñado en tapar el cielo con su dedo es difícil ver nada allá arriba.


La gota que colma


Cuba intenta la danza de la lluvia


Manifestación antiimperialista. El régimen cubano ha aprovechado que ha recibido un envío de petróleo de Rusia para convocar en la calle a sus militantes y que cierren filas en torno a sí mismo bajo el lema “Aquí, con Fidel”. Lo inteligente de la convocatoria es haber aguardado a que vuelva la luz, no fuera que la manifestación empezara a toque de maitines y acabara como el rosario de la aurora. De momento, prescribe a los cubanos nostalgia en lugar de futuro. Algo así como celebrar la danza de la lluvia para conseguir que llueva. Se pasa la misma sed, pero queda la tribu tan agotada que no te lo reprocha.

Pero, no nos engañemos: amigarse con el inquilino de la Casa Blanca, aunque no le dejen construirse un salón de baile -palabra que se lo ha parado un juez- es un negocio morrokotudo. A Delcy Rodríguez le acaban de levantar las sanciones y embargos. No, los de Venezuela, no; los que pesaban sobre ella y su patrimonio. La número dos del régimen madurista saldrá de esta con un capitalito. O de duquesa. ¡Ayva! Igual es verdad que aquello también es una transición a la democracia.