- “Nos apuntaron deliberadamente porque no había nadie más en el área, no había gente, ni mucho menos milicianos armados”, asegura la periodista palestina Shatha Hanaysha, quien vio desplomarse a su lado a Shireen Abu Akleh por un disparo en la cara, mientras les llovían las balas. La muerte de la veterana periodista de Al Yazira la mañana del 11 de mayo, cuando cubría una redada del Ejército israelí en Yenín, en el norte de Cisjordania ocupada, ha conmocionado a la sociedad palestina, que veía en ella un referente periodístico y un rostro habitual en las pantallas desde la Segunda Intifada.

Shatha, una reportera palestina de 29 años, creció viéndola en televisión y fue ella quién la inspiró para decidir con solo seis años que sería periodista. Hoy todavía no asimila que fue la última persona que Shireen vio antes de morir.

Shireen, Shatha, Ali -herido en la espalda por otra bala- y Mujahed, los cuatro periodistas, fueron esa mañana a cubrir una nueva redada israelí en el campo de refugiados de Yenín, donde estos operativos se suceden casi a diario en los dos últimos meses. Israel considera el lugar “foco de terrorismo” y estas incursiones suelen desencadenar enfrentamientos ante la respuesta de milicias palestinas armadas con presencia en el campo.

“Los cuatro llevábamos chaleco y casco, con el cartel de prensa grande y visible. Estábamos listos para comenzar a trabajar, tomar imágenes de lo que estaba ocurriendo, como siempre. Vimos los vehículos del Ejército israelí en lo alto de la calle y esperamos abajo unos cinco minutos para que se dieran cuenta de que éramos periodistas. Cuando nos acercamos, comenzaron los disparos contra nosotros”, relata Shatha.

Entre dibujos y fotos con el rostro de Shireen, banderas palestinas y kufiyas -pañuelo palestino-, en ese muro se ven los impactos de bala de las tropas israelíes dirigidas “deliberada y directamente” a los cuatro periodistas, según el relato en primera persona de Shatha.

Su versión fue corroborada el jueves al conocerse los detalles de la investigación oficial del fiscal general de la Autoridad Nacional Palestina. Concluye que la bala que mató a Shireen procedía de fuego israelí, y incluso se habla de ataque intencionado.

El Ejército israelí sostiene que en la zona había palestinos armados disparando “en todas las direcciones” y que la muerte de Shireen puedo provenir tanto de ellos, como de un soldado israelí, aunque aseguran que sin la bala letal que la ANP se niega a compartir con ellos, no pueden determinar la fuente del disparo.

Todo ocurrió muy rápido, en minutos. Ante la incesante tormenta de disparos, Shireen y Shatha acordaron entre gritos salir corriendo hacia la carretera principal, alejándose de los vehículos militares de donde provenía el tiroteo, pero no tuvieron tiempo.

“Estaba esperando a que Shireen se acercara a mí para salir corriendo juntas y se desplomó en el suelo. Los disparos seguían. Pensé que se había caído, no me di cuenta que una bala le había impactado. Entonces vi que no se movía, y tirada boca abajo, no parecía estar respirando. Ahí entendí que le habían disparado”, dice.

A escasos metros, Shatha extendió su brazo, sin salir de la protección del árbol, “para zarandear a Shireen y ver si despertaba”, pero ya estaba muerta, como confirmó en cuestión de segundos el charco de sangre que se desparramó en torno al cuerpo.

“Llevaba casco y chaleco, le dispararon deliberadamente en la cara, el único resquicio de su cuerpo desprotegido”, lamenta Shatha, quien insiste repetidamente en su relato en que en la zona donde estaban no había ningún palestino armado, ni se encontraban en fuego cruzado. l