Un estallido de dimensiones galácticas anunció a las 22.05 horas de un 29 de abril de 2026 que es ya historia baloncestística en Bizkaia una nueva gesta continental del Surne Bilbao. Un movimiento sísmico con epicentro en Miribilla certificó el segundo título europeo de los 'hombres de negro', imparables junto a las 10.000 volcánicas gargantas de la 'marea negra' que en nada tuvieron que envidiar a lo vivido en el Palataki siete días atrás. ¿Qué nadie había repetido coronación en la FIBA Europe Cup? Esa competición no conocía a la tropa de Jaume Ponsarnau. ¿Que ningún conjunto que había caído en el choque de ida había logrado remontar? Tampoco sabían lo que podía ser Miribilla en una final de finales.

Fue un torrente irrefrenable de ilusión, un tsunami de sueños que empujó a los anfitriones hasta una coronación que fue incluso placentera con una segunda mitad pluscuamperfecta, imparable, de factura extraordinaria en ataque y en defensa. Un parcial de 18-4 en el tercer acto tras una primera mitad áspera enfiló el objetivo (del 49-49 al 67-53) y lo del cuarto final fue ya un escándalo, con el luminoso señalando un 80-58 a cinco minutos de la última bocina que permitió un final disfrutón. Sin agobios hasta el 89-74 final. Porque los 'hombres de negro' supieron arrebatar cualquier argumento a los de Pantelis Boutskos, a los que no les quedó más salida que la rendición.

Con partidazos de Darrun Hilliard, MVP de la final, Margiris Normantas, tremendo en labores de retaguardia y máximo anotador con 17 puntos, Luke Petrasek (gran paso al frente el suyo tras el descanso) y Melwin Pantzar, en el Surne Bilbao no faltaron brazos para remar hasta abrazar la gloria, desdibujando las individualidades de un equipazo como el griego, empequeñecido ante la mirada afilada de un cuadro anfitrión que no dejó pasar la oportunidad de hacer historia.

¡Qué maravilloso fue ver el éxtasis de una plantilla que ha hecho bandera de la profesionalidad, desde Brno hasta Tiflis pasando por Esmirna o Prievidza, y la entrega hasta regresar a la cúspide de la pirámide! ¡Y qué especial ver la celebración en casa, delante de su gente, de los Rafa Pueyo, Javi Salgado, Mikel Odriozola, Erik Badiola, Ibon López de Letona, Javier Gil, Jon Novo, Lucas Guerrero, Ibon Romero, Álvaro Gómez-Rubiera, Cristian Lambrecht y Rafael Muñoz, el gran Txipi, el grupo que forma el alma, corazón y vida de la entidad! ¡Y qué bonito ver a toda la afición rendir pleitesía a Jaume Ponsarnau!

Broche perfecto

Fue el broche perfecto para una finalísima que arrancó rebosante de temperatura. Antes de que la acción llegara a sus tres primeros minutos Hilliard y Omoruyi ya se habían repartido sendas antideportivas. Fue el PAOK el que llevó las primeras iniciativas en el luminoso, con sus exteriores más atinados y los árbitros no dejando ningún contacto sin castigar en el aro bilbaino. El 9-15 pasado el ecuador del acto inaugural no era bueno porque pese al 'dos más uno' de Pantzar los de Boutskos se alimentaban desde la línea de tiros libres (6 de 8 en apenas siete minutos), con los anfitriones pagando su muy negativo 1 de 7 desde la distancia triple, cerrándose el primer parcial con un 19-23.

Las acciones uno contra uno de sus exteriores, sin demasiada elaboración de juego, bastaban a los griegos para mantenerse al frente de las operaciones. Consiguió igualar el luminoso a 25 puntos el cuadro local con notables minutos de Normantas, pero entre rebotes en defensa que se escapaban y falta de suministro exterior no había forma de darle la vuelta a la situación. Krampelj y Jaworski fallaron un triple liberado y una bandeja, respectivamente, que pudieron dar las primeras ventajas a los 'hombres de negro'. Fue Normantas, con un misil lejano, el que dio el primer control del luminoso a los de Ponsarnau (35-34 a 3:45 del descanso) y la activación del lituano, brillante también en defensa, y las primeras acciones positivas de Jaworski en ataque dieron otro tono a los anfitriones (42-39). Intentó enfriar los ánimos Boutskos con un tiempo muerto, pero el Surne Bilbao alcanzó el ecuador de la cita con un 43-41 favorable.

En las filas vizcaínas los problemas se centraban en las tres personales de Bagayoko y los siete rebotes ofensivos capturados por el PAOK, que cristalizadon en doce puntos de segundas oportunidades. Los 11 puntos de Normantas y los diez de Pantzar centralizaban el foco ofensivo.

Tras la reanudación, el encuentro entró en fase de canastones. Un triple y un tiro de Hilliard igualaron la final por primera vez (47-41); Dimsa, con dos misiles lejanos, igualó el marcador en un abrir y cerrar de ojos (49-49) y Petrasek respondió con otro triple con adicional, fallando el tiro libre pero con el alero estadounidense sumando otra vez de tres (55-49). La locura fue a más en la grada cuando otro triplazo de Normantas puso por primera vez los galones provisionales de campeón al Surne Bilbao (60-53) en el ecuador del tercer cuarto y alcanzó el éxtasis cuando otro 'dos más uno' del ala-pívot polaco y sendas canastas de Hlinason y Font pusieron la guinda al 18-4 para un sabrosísimo 67-53. En esos compases de la cita era el PAOK, con Moore y Beverley con cuatro faltas, quien se sujetaba contra las cuerdas y los 'hombres de negro' los que bailaban en el centro del cuadrilatero hasta alcanzar los diez minutos finales con un más que ilusionante 70-57.

¿Hacía falta más madera? La insertó en la caldera Frey con dos canastas seguidas, que junto a la quinta personal de Beverley llevaron el éxtasis al graderío. El 77-57 a siete minutos del final tras otra bomba lejana de Petrasek era un tesoro de valor incalculable. Y es que el PAOK se tambaleaba sobre la cancha, a la espera del golpe de gracia. Hasta el 80-58 llegó la máxima ventaja, antes de que los visitantes, pese a la fugaz resistencia de Tyree, enseñaran la bandera y dieran paso a la irrefrenable fiesta del Surne Bilbao y de Miribilla en un día que ya es historia.