Así es la mega-ciudad eléctrica de BYD donde trabajan más de 80.000 personas
El poder de muchos grupos automovilísticos chinos es sorprendente. Y en su mayoría lo han logrado con su apuesta por el vehículo 100% eléctrico. Uno de los más ambiciosos es BYD y estos dos ejemplos recientes dan buena prueba de ello.
Que el futuro de la automoción será 100% eléctrico es algo de lo que ya pocos dudan; y que dicho futuro va a estar protagonizado por fabricantes provenientes de China empieza a ser algo cada vez más evidente. Prácticamente todas las semanas, alguna marca de aquel país es noticia de primera plana: por anunciar una tecnología novedosa, por mostrar un vehículo sorprendente, por lanzar una nueva submarca, por llegar a acuerdos con algún fabricante extranjero…
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Entre toda la ofensiva que nos llega hasta Europa desde aquel mercado, es evidente que una de las que más está dando que hablar es BYD. En estos últimos meses asombraron al mundo con el coche más rápido del mundo, el Yangwang U9 Extreme 100% eléctrico -una de sus submarcas-; se rumorea que estarían considerando entrar en la Fórmula 1; y en los últimos días han vuelto a ser protagonistas por dos impactantes noticias. La primera es que se han dado a conocer casi todos los detalles de la que es su ‘mega-fábrica’... aunque también podríamos referirnos a ella casi como una ciudad.
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La instalación se encuentra en Zhengzhou, en la provincia de Henan, y su escala es tan descomunal que cuesta encontrar comparaciones en cualquier otro ámbito. Algunos medios chinos la describen como un complejo industrial del tamaño de una gran capital europea (algunos la asemejan con Turín, en Italia), con una superficie que rivaliza con la extensión urbana de ciudades enteras. Allí trabajan más de 80.000 personas, una cifra que supera la población de muchos municipios medianos (por hacer una comparación, Getxo ronda los 77.000 habitantes), y que convierte a la planta en un auténtico ecosistema productivo. No es solo un lugar donde se ensamblan coches: es un núcleo urbano con viviendas, transporte interno, servicios, zonas verdes y todo lo necesario para que decenas de miles de empleados vivan y se muevan sin salir del recinto.
La fábrica‑ciudad está organizada como un gigantesco mecanismo donde cada pieza tiene su cometido. Hay líneas de producción dedicadas a baterías, otras a motores eléctricos, otras al ensamblaje final, y otras a la fabricación de componentes electrónicos que BYD prefiere producir internamente para mantener el control tecnológico. La verticalización se lleva hasta el extremo, en el sentido de que desde la química de las celdas hasta el software de gestión, todo se desarrolla y se fabrica allí mismo. Esto permite reducir costes, acelerar procesos y, sobre todo, garantizar que cada innovación pueda implementarse sin depender de proveedores externos. Algo en lo que los chinos comienzan a sacar mucha ventaja a los fabricantes europeos y de otras regiones del mundo.
El complejo cuenta, incluso, con su propio sistema de transporte interno, una especie de red de autobuses y vehículos autónomos que conectan las distintas áreas. También dispone de centros de formación, residencias para trabajadores, instalaciones deportivas y espacios de ocio. La idea es que la fábrica funcione como una ciudad autosuficiente, capaz de atraer talento y retenerlo en un entorno donde la vida laboral y personal se integran de manera casi natural (lo cual puede ser algo bueno… o quizá no tanto, por aquello de que no se llega a separar lo personal de lo profesional).
Pero si la magnitud de esta mega‑fábrica ya resulta impresionante, la segunda noticia que ha protagonizado BYD en los últimos días apunta a un aspecto fundamental de la movilidad eléctrica: nos referimos a la recarga. La compañía ha presentado la segunda generación de su conocida Blade Battery y un sistema de carga ultrarrápida llamado FLASH Charging, que promete derribar las últimas barreras que aún frenan a algunos compradores.
La Blade Battery 2.0 es el resultado de seis años de investigación y supone un salto notable en densidad energética, seguridad y velocidad de carga. Aunque las baterías de litio‑ferrofosfato (LFP) suelen ser más seguras y duraderas que las de níquel, tradicionalmente han tenido menor densidad energética y peores cifras de carga rápida. BYD asegura haber resuelto ese dilema mediante una serie de innovaciones internas (como una nueva arquitectura interna de la batería y materiales optimizados que facilitan que los iones se muevan más rápido y generen menos calor) que permiten aumentar la densidad en torno a un 5% y, al mismo tiempo, admitir potencias de carga que hasta hace poco parecían imposibles en una batería LFP.
La clave está en combinar esta batería con el nuevo cargador ‘flash’, capaz de suministrar hasta 1.500 kW a través de un único conector. Con esa potencia, un coche equipado con Blade Battery 2.0 puede pasar del 10% al 70% en apenas cinco minutos, y del 10% al 97% en nueve minutos. Incluso en condiciones extremas (como a -30 ºC, donde la mayoría de baterías reducen drásticamente su capacidad de carga, ya que el frío es un ‘gran enemigo’ de los eléctricos) el sistema puede llevar la batería del 20% al 97% en solo 12 minutos. En la práctica, esto significa que recargar un coche eléctrico podría ser prácticamente tan rápido como repostar combustible e ir a pagarlo a la caja.
BYD también ha trabajado en la infraestructura necesaria para que esta tecnología sea viable; es decir, no se trata de algo solo teórico, sino que ya tiene su aplicación en la práctica. En China ya han instalado más de 4.000 estaciones FLASH y planean alcanzar las 20.000 antes de que termine el año. Para evitar sobrecargar la red eléctrica, cada estación incorpora un sistema de almacenamiento que actúa como depósito intermedio: se recarga lentamente y luego libera energía a gran potencia cuando llega un vehículo. Además, el diseño del cargador (con un brazo superior en forma de T que mantiene cables y conectores suspendidos) busca hacer la experiencia más limpia y cómoda.
BYD quiere contar con su propia red de supercargadores
El primer modelo que llegará a Europa con esta tecnología (también a Euskadi) será el Denza Z9GT, un shooting brake (es decir, familiar deportivo) de altas prestaciones que servirá como escaparate de lo que BYD considera la nueva era del coche eléctrico: más rápido de cargar, más seguro, más eficiente y, sobre todo, más accesible (para quienes aún dudan de este tipo de movilidad).
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