De cargar toda la noche a 15 minutos: la nueva movilidad eléctrica
En la actualidad, la electricidad puede llegar fácilmente a casi cualquier lugar. Parece algo muy evidente… pero ha sido un aspecto básico para que el vehículo eléctrico sea ya un tipo de movilidad muy popular. Ahora bien, ¿qué tipos de infraestructuras de carga existen y qué debes saber de cada una de ellas?
Igual que los modelos térmicos necesitan ‘de una manguera’ para seguir funcionando, los eléctricos deben ‘enchufarse’ periódicamente para continuar rodando. Pero mientras que las gasolineras llevan con nosotros ‘desde siempre’ y ya las hay repartidas por toda la geografía, los puntos de recarga eléctricos (para vehículos) comenzaron a existir hace apenas 15 años. También es cierto que, para empezar, hay una gran diferencia entre los sistemas de repostaje y los de recarga… y es que de los segundos, además de los ‘públicos’, el dueño de un eléctrico puede decidir instalarse uno en su casa o empresa. Algo que no es posible ni legal en el caso de un surtidor de carburante.
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De cualquier manera, hemos querido analizar cuál es la situación, actualmente, de los diferentes puntos de recarga en la geografía española, su evolución y cuáles son las previsiones antes de que termine esta década.
Los puntos de recarga rápidos o ‘super-cargadores’
Son, sin lugar a dudas, ‘las estrellas’ entre los cargadores actuales y ‘culpables’, en buena parte, de que uno de los aspectos que más polémica generan en este tipo de movilidad, como son los tiempos de carga, esté pasando cada vez más a un segundo plano debido a que los más modernos y potentes ya son capaces de abastecer, en muy poco tiempo (entendiendo como tal menos de 15 minutos) de electricidad suficiente para recorrer varios centenares de kilómetros.
Los puntos de recarga rápida y ultrarrápida (los conocidos popularmente como supercargadores, que fue el nombre que comenzó a usar Tesla hace ya casi 14 años) se han convertido en la pieza clave para que los desplazamientos de larga distancia con un vehículo eléctrico sean realmente factibles (al menos, hasta la llegada de baterías que puedan recorrer más de 600/700 km por autopista). Podríamos considerar como recarga rápida aquella que supera los 50 kW de potencia, mientras que la ultrarrápida se sitúa por encima de los 150 kW y puede llegar, en los modelos más avanzados, a superar los 400 kW.
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De hecho, ya en 2025 existían en el territorio del Estado estaciones capaces de suministrar potencias superiores a ese umbral (como las de Zunder), lo que permite recuperar una parte significativa de la autonomía en apenas unos minutos (para hacerse una idea, hicimos una prueba práctica con un Smart #5 que, en apenas 14 minutos logró incrementar su autonomía en casi 400 km). Esa es su gran virtud: reducir al mínimo el tiempo de espera durante un viaje, acercando la experiencia de uso a la de un repostaje convencional.
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Por supuesto, para que esta red sea práctica, también necesita de vehículos que sean compatibles, tanto por batería como con gestión electrónica, con semejantes potencias de carga. En este sentido, el 2025 fue año especialmente propicio con la llegada de modelos como el Smart #5, la nueva generación del Porsche Cayenne, los modelos de Xpeng, los actualizados Hyundai Ioniq 5 y 6 o el Mercedes CLA que con sus arquitecturas de 800V son capaces de sacar el máximo partido de estos ‘supercargadores’.
Con todo, este tipo de puntos de carga tienen contrapartidas. La primera es económica: el precio del kWh en estos cargadores suele ser sensiblemente más alto que en los puntos semi-rápidos o lentos, especialmente (y como es lógico) los domésticos. Aunque las tarifas varían según operador y momento del día, no es extraño que la recarga ultrarrápida duplique o incluso triplique el coste del kWh respecto a un punto de baja potencia (hablamos de precios que pueden llegar a los 0,6 o 0,7 euros por kWh). A ello se suma que un uso intensivo y continuado de cargas a muy alta potencia puede generar un mayor estrés térmico en la batería (con su consiguiente desgaste y pérdida de capacidad), algo que los fabricantes han mitigado con sistemas de refrigeración avanzados, pero que sigue siendo un factor a tener en cuenta para quienes recorren largas distancias con frecuencia.
El despliegue de estas infraestructuras se ha acelerado de forma notable en los últimos años. A los operadores pioneros (como Tesla, cuyos supercargadores están ya abiertos a prácticamente todas las marcas) se han sumado empresas especializadas como Zunder, Ionity, Fastned, Vega Chargers… además de grandes compañías eléctricas (Endesa X Way, Iberdrola) y nuevos actores que buscan ‘su parte del pastel’ en un mercado en plena expansión. La tendencia es clara: cada vez más compañías apuestan por estaciones con múltiples conectores de alta potencia, ubicadas en corredores estratégicos (es decir, vías rápidas que unen puntos geográficos importantes) y pensadas para facilitar los viajes interurbanos.
Cada vez más compañías apuestan por estaciones con múltiples conectores de alta potencia, ubicadas en corredores estratégicos
Según los datos de AEDIVE (Asociación Empresarial para el Desarrollo de la Movilidad Eléctrica), dentro de la red de recarga pública en el conjunto del Estado experimentaron un crecimiento especialmente intenso los cargadores de alta potencia. De hecho, los puntos que suministran entre 50 y 250 kW aumentaron un 83,6% durante el año pasado, mientras que los que superan los 250 kW crecieron un 53,3% en el mismo periodo. Por poner un ejemplo concreto, Iberdrola ya superó en Euskadi los 130 puntos de recarga rápida y ultrarrápida (y se estima que hay cerca de 300 en total).
Las estaciones de recarga pública: ‘las que sirven para todo’
Las estaciones de carga públicas se han convertido en el auténtico esqueleto de la movilidad eléctrica en el territorio del Estado. A diferencia de los supercargadores, cuya identidad se define por la potencia, los puntos públicos se caracterizan sobre todo por su ‘ubicuidad’: aparecen en aparcamientos municipales, centros comerciales, polígonos industriales, hoteles, estaciones de servicio, áreas de descanso y, cada vez más, en plena calle gracias a la iniciativa de numerosos ayuntamientos. Son, en esencia, la infraestructura que permite que cualquier conductor de un vehículo eléctrico pueda recargar sin necesidad de disponer de un garaje propio o de un punto doméstico, y por eso se han convertido en la solución más versátil y transversal para el día a día.
Su crecimiento en los últimos años ha sido notable. Según los datos más recientes del Barómetro de Electromovilidad de ANFAC, el conjunto del Estado cerró 2025 con 53.072 puntos de recarga públicos operativos, lo que supone un incremento del 37% respecto al año anterior. Se trata del mayor despliegue anual registrado hasta la fecha, con más de 14.000 nuevas instalaciones en solo doce meses (algo que coincide también con un año récord en cuanto a ventas de modelos ‘enchufables’).
Sin embargo, esta expansión convive con un problema persistente: una parte significativa de la red sigue sin funcionar del todo bien. A finales de 2025, más de 16.000 puntos permanecían inoperativos, ya fuera por averías, mal estado o por no estar conectados a la red eléctrica debido a temas burocráticos y de permisos, lo que equivale a uno de cada cuatro cargadores instalados. Esta brecha entre infraestructura instalada e infraestructura realmente utilizable es uno de los grandes desafíos para consolidar la confianza del usuario.
Esta brecha entre infraestructura instalada e infraestructura realmente utilizable es uno de los grandes desafíos para consolidar la confianza del usuario
En Euskadi, el despliegue también avanza con fuerza. Aunque las cifras varían según el operador, la comunidad supera ampliamente los 1.700 puntos públicos y continúa ampliando su red tanto en zonas urbanas como en corredores estratégicos. Operadores como Iberdrola, Repsol, Zunder o Powerdot han incrementado su presencia en el territorio, y los ayuntamientos han acelerado la instalación de cargadores en vía pública, especialmente en Bilbao, Donostia y Vitoria-Gasteiz. Este crecimiento viene a satisfacer una demanda creciente de usuarios que no disponen de garaje propio y que necesitan una red pública fiable para su movilidad cotidiana.
Las ventajas de estos puntos de carga son evidentes. Su principal fortaleza es que permiten integrar la recarga en la rutina diaria: mientras se hace la compra, se trabaja, se asiste a una reunión o se disfruta de una actividad de ocio, el vehículo puede recuperar autonomía sin necesidad de dedicar tiempo exclusivo a ello (y manteniendo una buena ‘salud’ de la batería). Además, su distribución más repartida, facilita que cualquier conductor encuentre un punto relativamente cerca, incluso en zonas donde la instalación doméstica no es viable. Esta flexibilidad explica por qué la recarga en destino (es decir, aquella que se realiza mientras el vehículo está estacionado por otro motivo) se ha consolidado como una de las prácticas más habituales entre los usuarios.
Pero también existen inconvenientes. La disponibilidad no siempre está garantizada: la creciente demanda puede generar colas en horas punta, especialmente en zonas urbanas densas. A ello se suma que muchos de estos puntos ofrecen potencias moderadas, lo que implica tiempos de recarga más largos que los de un supercargador. Además, en buena parte de ellos es necesario que el usuario lleve su propio cable, algo que puede resultar incómodo o inesperado para quienes se inician en la movilidad eléctrica. Y, por supuesto, la ya mencionada tasa de inoperatividad sigue siendo un obstáculo que condiciona la experiencia real del conductor.
Puntos de carga doméstica: Sin salir de casa
La carga doméstica se ha convertido en el pilar fundamental de la movilidad eléctrica. Aunque no existen cifras oficiales y unificadas sobre cuántos hogares del territorio del Estado cuentan ya con un punto de recarga privado, hay informes como el ‘EV Charging Index de 2024’ o el ‘Observatorio de Movilidad de Arval’ que aseguran que entre un 84 y un 90% de los propietarios de un vehículo enchufable dispone de uno de estos cargadores en su garaje, sea propio o comunitario.
Sobre el segundo, la normativa facilita este despliegue: la Ley de Propiedad Horizontal permite instalar un punto de carga en una plaza de garaje comunitaria sin necesidad de autorización de la comunidad, bastando con una comunicación previa. Además, no hay que olvidar que las nuevas edificaciones deben incorporar preinstalación para puntos de recarga en sus aparcamientos, lo que reduce costes y simplifica enormemente la instalación.
Los cargadores domésticos (los conocidos como wallbox) suelen ofrecer potencias de entre 3,7 y 7,4 kW en corriente alterna, suficientes para recuperar la autonomía completa de un vehículo durante la noche… salvo que sean modelos con más de 80 kWh de capacidad. Su funcionamiento es sencillo: se conectan a la red eléctrica de la vivienda, incorporan protecciones específicas y permiten programar horarios de carga para aprovechar tarifas más económicas. En comparación con la recarga pública, el coste por kWh es sensiblemente inferior, lo que convierte a la carga doméstica en la opción más barata y eficiente para el día a día.
Una de las razones de su rápida expansión es el ahorro adicional que pueden generar cuando se combinan con instalaciones fotovoltaicas. Cada vez más hogares integran el cargador en su sistema de autoconsumo, de modo que buena parte de la energía utilizada para mover el vehículo procede directamente del sol. Esta sinergia ha impulsado a muchas familias a dar el salto a la movilidad eléctrica, especialmente en viviendas unifamiliares. Y es que, por ejemplo, para alguien que recorra unos 15.000 km al año y disponga de placas solares para su cargador eléctrico, puede estar ahorrando unos 1.500 euros al año respecto a quien tenga un coche de gasolina con un consumo medio de 7 litros cada 100 km.
También han contribuido a su crecimiento la simplificación de trámites y la estandarización de las instalaciones. Hoy, un proyecto típico puede completarse en pocas horas y sin necesidad de permisos complejos, siempre que se cumpla la normativa técnica (ITC-BT-52) y se recurra a un instalador autorizado. A ello se suma la existencia de ayudas públicas: hasta hace poco, el Plan MOVES III permitía subvencionar hasta un 70% del coste de instalación, y aunque su continuidad depende de nuevas convocatorias, ha sido un aspecto fundamental para mejorar el acceso a la recarga privada.
Incluso los propios fabricantes de automóviles han entrado en este terreno, ofreciendo paquetes que incluyen el cargador y su instalación, a menudo con la condición de financiar la compra de parte del importe del vehículo. Marcas como Peugeot, Renault, BMW o Hyundai han impulsado esta fórmula, que facilita al usuario estrenar su coche eléctrico con todo lo necesario para cargarlo desde el primer día (en este caso es mejor consultar en el concesionario).
Los supercargadores permiten viajar con rapidez, la red pública crece y se diversifica, y la carga doméstica se ha consolidado
En conclusión…
La infraestructura de recarga en el territorio del Estado ha experimentado una transformación profunda en apenas una década. Lossupercargadores permiten viajar con rapidez, la red pública crece y se diversifica, y la carga doméstica se ha consolidado como la opción más cómoda y económica para el día a día (aunque, como es evidente, requiere de disponer de un lugar donde colocar el cargador). Aunque persisten retos (especialmente en la operatividad de algunos puntos públicos), el panorama es claramente positivo: cada vez hay más opciones, más actores implicados y más tecnología disponible.