La cita estaba fijada hace tiempo, desde mucho antes de vernos inmersos en una agónica recta final de campeonato. Una efeméride como las bodas de plata de la gesta europea de los chicos de Mané no podía dejarse a la improvisación. Según se acercaba el día de celebrar haber protagonizado una de las finales europeas más épicas de todos los tiempos, los nubarrones amenazaron con aguar la fiesta. Sin embargo, la semana mágica del equipo de Sánchez Flores ante Barça y Oviedo aseguró la salvación y despejó el escenario para una celebración por todo lo alto este sábado en Mendizorroza y sus aledaños. Toca conmemorar los 25 años del, pese a la derrota, episodio más glorioso de la historia de un club centenario y, de paso, la confirmación de que el Alavés y sus aficionados seguiremos disfrutando y sufriendo una temporada más en la élite del fútbol. Se han organizado múltiples actos en las horas previas y minutos antes del pitido inicial saltará al césped una amplia representación de una plantilla y cuerpo técnico que figuran en letras de oro en los libros de historia albiazul. Cuanto más tiempo pasa más consciente soy de la fortuna de haber podido vivir in situ un episodio único pero, espero, no irrepetible. Dicen que el fútbol ha cambiado tanto que una gesta así es imposible que vuelva a darse pero allá por 2001 también parecía un sueño inalcanzable.
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