El deporte femenino alavés se encuentra de enhorabuena esta temporada gracias a un interminable carrusel de éxitos a nivel individual y colectivo. La harrijasotzaile Eider García, una fuerza de la naturaleza, hizo historia la pasada semana al levantar por primera vez una piedra de 113 kilos y Salma Solaun, una gimnasta única por su talento, añadió dos metales más a su laureado palmarés en la Copa del Mundo de Bakú. El premio gordo ha sido tanto para las Gloriosas como el Araski. Las albiazules competirán otra vez entre las más grandes del fútbol femenino español tras pasear una superioridad incontestable sobre sus rivales en la Primera Federación, mientras que las verdes han vuelto a obrar un milagro a la hora de sobrevivir en una Liga Femenina cada vez más exigente. Sus éxitos carecen, en ocasiones, del reconocimiento a nivel mediático de los actores involucrados alrededor del deporte, pero todas ellas deben saber que, con independencia de que la pelotita entre finalmente en la portería o el aro, nos sentimos orgullosos de su esfuerzo y dedicación pese a ganar mucho menos dinero del que merecen. El fracaso, una palabra que se usa demasiado a la ligera, es no intentarlo y todas ellas nos conmueven por su sacrificio. Felicidades y a seguir.
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