El Alavés esquivó el sábado una bala que podría haberle dejado malherido de cara al agónico tramo final de liga que le espera. Cinco partidos que son cinco finales, tres de las cuales se librarán, afortunadamente, en Mendizorroza. El estadio del Paseo de Cervantes no ha sido este curso el fortín del pasado pero es innegable que contar con el aliento de los tuyos es un punto a favor. Ya dijo el míster tras remontar ante el Mallorca que parte del mérito era de la afición, que nunca había dejado de creer. En la pelea están inmersos muchos equipos. Tirando de matemáticas, con 15 puntos en juego, incluso algunos que aún hacen cábalas por entrar en Europa podrían llevarse un susto. La igualdad es máxima y precisamente ese es uno de los motivos que hacen que el Alavés esté sufriendo hasta el final. Un equipo que no se ha caído nunca, con momentos brillantes de juego, que ha competido en la mayor parte de los partidos y al que nunca le han pasado por encima sobre el césped, lleva más de media Liga con el descenso al acecho. Es lo que tiene Primera, que es durísima, y por eso hay que darle mérito a lograr la permanencia. Me encantaría soñar con más y el recorrido en la categoría debería llevar a agonizar menos. Esta afición se lo merece. Pero eso no se logra con discursos sino acertando cada verano y no poniéndose piedras en el camino.
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