Corría 2008 y andábamos enfangándonos en una gran crisis económica –de aquellos polvos muchos de los lodos actuales–. Y un tipo nada sospechoso de ser un peligroso rojo progre perroflauta, un tal Nicolas Sarkozy, entonces presidente de Francia anunciaba su intención de convocar a “los principales líderes mundiales” a una gran cumbre en la que pretendía “refundar el capitalismo”, abróchense el cinturón, sobre las bases de la ética del esfuerzo y del trabajo.

18 años después, leemos que en dos minutos, un cuarto de hora antes de que Donald Trump hablara este lunes de un aplazamiento en los ataques estadounidenses sobre infraestructuras energéticas de Irán y de “conversaciones productivas” con Teherán, operadores del mercado de materias primas realizaron transacciones por valor de 650 millones de dólares, según cálculos de Bloomberg, a favor de una caída del petróleo; un volumen que supone ocho veces más de lo habitual.

No queda ahí la cosa: en el mercado de predicciones Polymarket seis usuarios con cuentas creadas solo 24 horas antes ganaron 1,2 millones de dólares al acertar la fecha del inicio de los ataques a Irán. Escribió Ian Fleming en Goldfinger aquello de una vez es casualidad, dos es coincidencia y tres, acción del enemigo.