Pues llega la Apocalipsis. Los pobres ciudadanos no ganamos para desgracias. Todos los entendidos en materia económica ya advierten de que nos debemos atar los machos tras el inicio de las hostilidades en Oriente Medio. En apenas unos días, la gasolina se ha disparado hasta unos extremos insospechados y dentro de poco acudir al supermercado volverá a ser una tortura. Tiempo atrás, cuando se desató la guerra entre Rusia y Ucrania las consecuencia resultaron funestas y este delirante conflicto geopolítico promete deparar el mismo dolor. Por si la vida no estaba difícil, llegan ahora dos dirigentes como Trump y Netayanhu ávidos de enriquecerse con todo el petróleo del mundo para poner, por sí solos, patas arriba la economía mundial. Luego debemos creernos que el régimen iraní es malvado y tal, como en su día había armas de destrucción masiva en Irak. Hay gente que se lleva las manos a la cabeza cuando arrecian las protestas y la indignación de la gente que no puede llevarse ni un trozo de pan a la boca se traslada a la calle, pero siendo sinceros poco pasa. La mayoría pringamos lo que no está en los escritos para salir adelante mientras quienes deberían imponer la cordura en este mundo repleto de presidentes extravagantes nos van haciendo la cuesta cada vez más empinada.