El Alavés tiene nuevo entrenador tras la espantada de Coudet. El argentino ha recalado en River Plate, el club de sus amores, tras un paso por Gasteiz en el que nunca logró ganarse el amor de la hinchada. Cumplió holgadamente su objetivo la temporada pasada, cuando relevó a un Luis García que sí había calado en el corazón del alavesismo. Pero no pudo quitarse la etiqueta de sustituto impuesto por la propiedad. Este curso la irregularidad del equipo y la indefinición de su propuesta futbolística tampoco lograron romper esa barrera. Llega ahora un nuevo capitán para ponerse al frente de la nave albiazul. Quique Sánchez Flores firma hasta 2028, lo que da cuenta de la apuesta que hace el club con un entrenador con una trayectoria contrastada en la élite. Es tiempo para ilusionarse. Primero con alcanzar el objetivo de la permanencia sin agonizar. Hay colchón y tiempo para enderezar un rumbo que, siendo justos con Coudet, aún no había entrado en barrena. Alcanzada la meta será tiempo de mirar adelante. Personalmente me genera confianza que los designios del Glorioso los conduzca un tipo como Sánchez Flores. Los resultados dictarán sentencia. Ojalá el fútbol sea justo con un Alavés cuya masa social lleva tiempo mereciéndose transitar por Primera con menos angustias y la ilusión de mirar más arriba de la zona roja.