El auge de la artesanía textil entre jóvenes que buscan apagar las pantallas
Costura, ganchillo y punto se consolidan como ocio terapéutico frente a la saturación digital
El gesto de deslizar el dedo por la pantalla empieza a cansar a una parte de la juventud. Frente al ruido digital, crece el interés por actividades manuales que obligan a parar, concentrarse y crear con las manos. Entre ellas, la artesanía textil -tejer, hacer ganchillo o coser- vive un nuevo momento de auge como forma de ocio consciente y alternativa al exceso de conexión.
Aunque pueda parecer una moda reciente, lo cierto es que estas prácticas tienen una larga trayectoria social. “El mundo de la artesanía textil como entretenimiento ha tenido vaivenes a lo largo de la historia y sobre todo después de la industrialización”, explica Ana Loreto Martín, profesora de costura con décadas de experiencia. Durante generaciones, formaron parte de la vida cotidiana: “Siempre ha habido en las casas alguien que hiciera punto, ganchillo o que cosiera”.
Su función iba mucho más allá del ocio. Estas técnicas servían “como manera de sacar un extra económico para la familia, una manera de tener algo exclusivo, la imposibilidad de comprar algo confeccionado por su coste económico, o incluso un hobby chic en las altas esferas”. El conocimiento, además, se transmitía dentro del hogar: “Se convirtió en algo generacional, ya que comenzaban desde la niñez transmitidas por sus mayores”.
De estigma social a actividad reivindicada
La consideración social de estas labores no ha sido estable. La propia profesora lo resume desde su vivencia personal: “Comencé desde niña y estas técnicas han sufrido cambios bruscos en la manera en que han sido consideradas”.
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Durante años, quedaron encasilladas en estereotipos de género: “He vivido la normalización dentro de las casas como algo propio de una mujer, el desprecio a estas técnicas siendo vistas como algo que iba en contra de la liberación de la mujer y estando consideradas como algo de una maruja sin cultura, y no ser apropiadas para un hombre viril”.
Hoy, esa mirada ha cambiado de forma notable. “El punto, el ganchillo y la costura han conseguido estar presentes de diferente manera”, señala.
Redes sociales y nueva estética textil
Dentro del sector, la costura ha mantenido cierta continuidad al estar vinculada al ámbito profesional: “Se ha mantenido mucho más activa ya que siempre se ha considerado como una posibilidad profesional. Abarca el diseño, el patronaje o la confección”.
El reclamo de la moda también ha acercado a nuevas generaciones: “El diseño tanto de prendas, estampados o hilos..., atrae a los más jóvenes por el glamour de las pasarelas y las nuevas tecnologías”. Sin embargo, el gran impulso reciente ha llegado de la mano de internet. “Aunque siempre han estado ahí, hay que reconocer que internet y las redes sociales han ayudado a que su difusión se haya extendido”.
Especialmente en el punto y el crochet: “Son los que más ayuda han tenido de las redes sociales para su difusión, ya que al ser el medio más empleado por los jóvenes les ha permitido adquirir conocimientos de una manera más atractiva y ha convertido estas técnicas en un hobby creativo y moderno”.
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El efecto pandemia y la saturación digital
El confinamiento marcó un punto de inflexión. “Desde la pandemia, momento en que internet adquirió su mayor auge, hubo un antes y un después en el mundo de los hobbys”, recuerda. Fue un periodo de exploración doméstica. “La gente se subió a diferentes olas: el deporte, la lectura, la cocina, y también el punto, el ganchillo y la costura. Tuvimos el tiempo suficiente para elegir inconscientemente nuestra preferencia”.
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Ahora, el contexto es distinto pero conectado: “En 2026 se percibe una saturación de conexión a las redes sociales entre los jóvenes, que buscan alternativas para sus momentos de ocio”. Quienes ya probaron “tienen curiosidad por aprender y buscan dónde aprender más”.
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Crear para transmitir
Más allá de la moda o la desconexión digital, la artesanía textil mantiene un valor pedagógico y cultural. La profesora lo resume como deseo personal y colectivo: “Como profesora desde hace años deseo que haya gente que siga teniendo curiosidad por adquirir conocimientos y que de todos ellos haya quien tenga el deseo de seguir enseñando y transmitiendo este mundo textil tan amplio y para mi gusto tan maravilloso”.
En un tiempo dominado por pantallas, el sonido de las agujas vuelve a abrirse paso. No como nostalgia, sino como refugio creativo para una generación que busca, puntada a puntada, otra forma de estar en el mundo.
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