Kofradia Basque Seafood: la nueva forma de comercializar y consumir el pescado
La nueva empresa KBS, impulsada por los arrantzales y el Gobierno Vasco, con la participación de las cofradías de Gipuzkoa y Bizkaia, busca reforzar la cadena de valor del sector pesquero desde Ondarroa con transformación, nuevos formatos y más peso comercial en origen
Más que una empresa al uso, Kofradia Basque Seafood plantea una manera distinta de comercializar el pescado y adaptarlo a un consumo cada vez más condicionado por la rapidez y la comodidad. Con ese planteamiento, el sector pesquero vasco busca ganar capacidad de maniobra en un contexto de cambio profundo: cambian los mercados, cambian los canales de comercialización y cambian, sobre todo, las formas de consumir.
La iniciativa nace con una ambición clara: reforzar la cadena de valor del pescado en Euskadi para que una parte mayor del valor añadido permanezca en origen. El proyecto amplía el papel tradicional del sector e incorpora también fases como la clasificación, la transformación, la preparación y la adaptación del producto a distintos canales y clientes. Bajo esa lógica, el puerto gana una función más amplia y se convierte en un espacio capaz de ordenar, procesar y proyectar comercialmente el producto.
Sede en Ondarroa
El modelo planteado por Kofradia Basque Seafood sitúa al puerto como un operador más dentro del circuito, junto a conserveras, pescaderías, mayoristas y minoristas, pero con una singularidad concreta: centralizar el pescado y prepararlo para distintos destinos. La planta, con sede en Berriatua, a cinco kilómetros del puerto de Ondarroa, articula esa operativa de proximidad entre desembarque, clasificación y transformación.
Ese trabajo abarca la limpieza, la clasificación y la preparación del pescado en distintos formatos, además de abrir la puerta a elaborados y soluciones de cuarta y quinta gama. El producto se suministrará a través de grandes operadores en canales como Retail y Horeca, donde la estandarización, la agilidad y la adaptación a cada cliente resultan cada vez más determinantes.
En el caso de la pesca de bajura –verdel, antxoa, sardina o bonito–, cuando las piezas llegan a Ondarroa se someten a un proceso de limpieza con agua salada. Este sistema favorece una mejor conservación y una mayor vida útil que el tratamiento con agua dulce. Después, una vez clasificado el producto, se adapta según la especie y el destino comercial, con distintos niveles de preparación en función de las necesidades del mercado.
La ambición de la planta no se queda ahí. Más allá de la cuarta gama, vinculada al producto limpio, preparado y listo para cocinar, el proyecto aspira también a avanzar hacia una quinta gama con elaboraciones más desarrolladas, como guisos, escabeches y otras preparaciones que permitan ampliar el recorrido comercial del pescado y acercarlo a formas de consumo todavía más cómodas.
Hábitos de cocina
El trasfondo del proyecto está directamente ligado a la evolución del consumo. Aunque la gastronomía ocupa hoy más espacio que nunca en televisión, redes sociales y discurso público, eso no se traduce en una mayor dedicación doméstica a la cocina. La realidad va en la dirección contraria: se cocina menos, se dispone de menos tiempo y se buscan productos que exijan menos preparación. En ese nuevo escenario, el pescado parte con desventaja frente a otros alimentos más inmediatos, ya que sigue asociado a limpieza, manipulación, conocimiento y tiempo.
Esa transformación en los hábitos ha tenido consecuencias visibles. El consumo de pescado ha retrocedido en la última década y el comercio especializado acusa también ese desgaste. Las pescaderías, en particular, necesitan formatos más prácticos y productos adaptados a una demanda que prima la comodidad. En ese contexto, la cuarta y la quinta gama dejan de ser un complemento para convertirse en una herramienta de supervivencia comercial. También porque cada cierre de una pescadería supone algo más que la pérdida de un negocio: arrastra oficio, proximidad y una forma concreta de relación con el producto.