Aunque desde un punto de vista estadístico siguen considerándose episodios excepcionales, las olas de calor se han convertido ya en un fenómeno recurrente que forma parte de la nueva realidad climática de Euskadi. Llegan antes, duran más y alcanzan temperaturas cada vez más altas. En Álava y en el conjunto de Euskadi, el verano está cambiando y, con él, también la forma de predecir, gestionar y convivir con el calor extremo. Desde la Agencia Vasca de Metereología Euskalmet advierten de que esta tendencia responde a una nueva realidad climática que exige adaptar tanto la respuesta institucional como los hábitos de la ciudadanía.

Al frente de ese análisis está Santiago Gaztelumendi, director de Estrategia y Coordinación de Euskalmet, quien resume el momento actual con una idea clave: Aunque estos episodios por definición estadística se sigan catalogando como excepcionales, explica que “su recurrencia en los últimos años demuestra que ya son estructurales y forman parte de nuestra nueva realidad.

A ello añade otro cambio evidente: “En general las olas de calor actuales son más tempranas, de mayor duración y de mayor intensidad que las que se sufrían en el siglo pasado”.

Con décadas de observación y una red de vigilancia que analiza tanto la evolución del clima como el comportamiento diario de la atmósfera, Gaztelumendi desgrana en este reportaje cómo está cambiando el verano en Euskadi, qué papel desempeña el cambio climático en esa transformación y cuáles son los principales retos para anticipar el calor extremo en un territorio donde los factores locales siguen siendo determinantes. 

Uno de los aspectos que más preocupa a los expertos es la atribución de estos episodios al cambio climático. Sobre esta cuestión, Gaztelumendi introduce un matiz importante y evita las simplificaciones. “Aunque es verdad que correlacionar episodios meteorológicos concretos al cambio climático puede ser controvertido, ya que la variabilidad climática natural es elevada”, explica, “actualmente hay metodologías de atribución que permiten comparar la probabilidad de que un fenómeno meteorológico puntual se diera en el clima pasado frente a la probabilidad de que se dé en el clima actual con las modificaciones inducidas por el aumento de los gases de efecto invernadero”.

El resultado de esos análisis es claro: “Este tipo de aproximación atribuye recurrentemente al cambio climático una parte sustancial de la responsabilidad de los episodios de olas de calor, especialmente en el caso de las más extremas y tempranas”.

En cuanto al tiempo los próximos días, en el momento de la entrevista, Gaztelumendi descartaba una nueva ola de calor a corto plazo para Euskadi, pese a la presencia de una masa de aire muy cálido sobre buena parte de la península

Más allá de identificar el origen de estos fenómenos, el director de Estrategia y Coordinación de Euskalmet insiste en que el verdadero reto está en anticipar con precisión su comportamiento sobre un territorio tan complejo como Euskadi. Aunque la localización de una masa de aire cálido puede predecirse con varios días de antelación, la evolución final depende de numerosos factores locales que pueden modificar de forma significativa las temperaturas previstas. Una realidad que obliga a combinar los grandes modelos meteorológicos con un análisis muy detallado de las particularidades del territorio antes de emitir avisos y alertas.

En cuanto al tiempo los próximos días, en el momento de la entrevista, Gaztelumendi descartaba una nueva ola de calor a corto plazo para Euskadi, pese a la presencia de una masa de aire muy cálido sobre buena parte de la península.

EL FUTURO

“En Euskadi tendremos flujos de componente norte, que en principio mantienen esa masa de aire recalentado al sur de nuestro territorio”, explicaba, al tiempo que advertía de que la evolución del viento y otros factores locales son determinantes para definir el alcance final de estos episodios.

Mirando al futuro, Gaztelumendi dibuja un escenario de veranos cada vez más largos y cálidos.

“En el peor de los casos, y en promedio viviremos veranos notablemente más largos que se extenderán formalmente desde finales de mayo hasta bien entrado septiembre”, advierte. 

A ello se sumará una transformación del propio territorio: “El extremo sur tendrá un comportamiento aún más mediterráneo y el Cantábrico estará suficientemente cálido para influir e incrementar la intensidad de los chubascos que puedan darse”, concluye el profesional.