Cruz Roja atendió en 2025 a 310 menores hospitalizados en Álava
18 voluntarios amenizan su estancia y mejoran su bienestar con actividades adaptadas
La sensación de que el reloj se detiene cuando una persona está ingresada en un hospital, se ralentiza todavía más cuando se trata de menores de edad. Y ya no es solo que las agujas parezcan que pasen más lento de la normal, sino que su rutina se trastoca por completo al dejar de ir, de pronto, a clase, al parque y sin poder quedar con sus amigos. En ese tiempo en el que desaparecen sus referentes, también se adaptan a un entorno diferente, provocando que la enfermedad no solo afecte a su cuerpo, sino a su vida emocional, social, y educativa.
Más de 1.700 personas ayudan de forma voluntaria en Cruz Roja Álava desde los 12 años
Más de dos décadas de apoyo en el Hospital de Txagorritxu
Con el fin de mejorar el bienestar emocional, social y lúdico de los niños, niñas y adolescentes ingresados, Cruz Roja en Álava puso en marcha en 2002 un proyecto de atención a la infancia hospitalizada que forma parte de una iniciativa de más de 30 años a nivel estatal y que en este caso, se desarrolla en la planta de Pediatría del Hospital de Txagorritxu. Allí les ofrece actividades lúdicas, educativas o de acompañamiento. En lo que vamos de año, ha atendido a 122 txikis y adolescentes, gracias a sus 18 voluntarios. En 2025, la cifra fue de 314 menores y en 2024, de 332.
Unos datos que reflejan que una “intervención sostenida y continuada” y que se ponen en relieve más que nunca en días como el de hoy, en el que se conmemora del día de la infancia hospitalizada.
Como explican las técnicas de Cruz Roja Juventud y responsable del proyecto Emi Galcheva y Claudia Rodríguez Sánchez, una de las necesidades más manifiestas de estos chavales ingresados es la “de salir de las cuatro paredes y de relacionarse, de empezar a hacer otras cosas que no sea estar igual en cama, o estar con el gotero, o ver todo el rato las mismas personas”.
“Soy sanitaria y un día me dijeron que había un proyecto en el hospital"
Porque aunque ellos no lo reconozcan, diciendo que están mal, “sí que se percibe, que cambia la actitud y el comportamiento , cuando hacen alguna manualidad, algún teatro, alguna lectura, dibujo, película, actividades de sensibilización sobre días mundiales o la primavera, por ejemplo, o, simplemente, interaccionando un poco fuera de la habitación. Son diferentes”.
Para saber qué actividades hacer con ellos y cuáles son las más adecuadas, se coordinan con la planta de Pediatría o con la escuela de hospital. “Intentamos que la actividad la elabore el propio voluntariado, para darles la iniciativa y ese protagonismo. Y hay veces que Claudia y yo también las preparamos”.
Esas actividades, siempre que se pueda, las dan en una sala común, “muy bien equipada” con los materiales que necesitan. Allí, txikis y adolescentes aprenden a jugar al bingo de los sentidos, a la caja de los sonidos mágicos, a dibujar en compañía y también a poner cara a su vecino de planta, “creando espacios muy agradables al juntarles”.
Cuando el equipo deCruz Rojallega allí, “hay mucha gente que se tira en cuanto nos ve y otras veces cuesta un poco por el propio entorno que crea esas barreras o al ver unas personas que no conocen... Por eso, ponemos un cartelito en su habitación para que sepan que estamos allí”. El personal sanitario también les echa un cable a la hora de dar a conocer su programa. “Y cuando ya se acercan y vemos lo que conseguimos, es maravilloso. A veces nos cuentan cosas como ‘¡Ay, no, queremos que os vayáis!’”, valoran.
Además, ese ratito que están con ellos “no están pendientes de tabletas o de teléfonos móviles”.
La labor del voluntariado en Álava
Pero este proyecto no sería posible sin la implicación de 18 personas voluntarias en Álava, cuya labor es fundamental para el desarrollo de la actividad, al complementar la atención sanitaria con esa otra mirada cercana y adaptada a cada menor, humanizando y amenizando la estancia hospitalaria.
Una de las habituales es Alba Duque Rosado, de 22 años, que participa en el mismo desde el 27 de noviembre de 2023. “Soy sanitaria y un día me dijeron que había un proyecto en el hospital. Como me gustó, me quedé porque me gustan los niños y tratar con ellos”, recuerda.
Voluntarios como ella acuden tres días a la semana: Lunes y miércoles, de 17.30 a 19.30 horas, y sábados, de 11.00 a 13.00 horas, desde que hace unos meses, se ha ampliado la actividad incluyendo los lunes, lo que ha permitido aumentar la presencia en el hospital y llegar a más menores y familias.
Ejes de la atención integral
La acción, en concreto, se articula en torno a tres grandes ejes para un enfoque integral, mediante el juego, educación y acompañamiento emocional. El primero de estos ejes son las actividades lúdico-educativas: juegos, manualidades, animación a la lectura o dinámicas creativas, que favorecen la socialización y reducen el impacto emocional.
El segundo es el acompañamiento emocional: apoyo individualizado para prevenir la soledad y mejorar el estado anímico durante el ingreso. Y el tercero es el apoyo a familias: generando espacios de respiro y participando en actividades que ayudan a reducir la carga emocional.
“Tenemos un calendario con diferentes actividades, pero hay veces que si un niño no puede hacerlas, por si tiene el brazo roto o así, las adaptamos. El otro día, por ejemplo, hicimos con vasos una bola de nieve. Otros días papiroflexia… Y muchas veces los niños empiezan a imaginar y son los que proponen cosas. También pintamos, hay juegos de mesa, puzzles, teatro con marionetas... Y un tobogán donde también jugamos. Y si no, lo que nos pida más el niño”, detalla.
El proyecto contempla también la entrega de kits que amplían el impacto fuera del hospital
Y con los menores con hospitalizaciones más largas el vínculo que crean con esos pequeños pacientes, ese vínculo se agranda todavía más. “Se me quedó marcado un momento con una niña con parálisis cerebral cuando un día me quedé con otro compañero y decidimos tirar piezas de lego al suelo, porque a ella le gustaba mucho el ruido. Los padres nos lo agradecieron muchísimo. Suelen ser bastante majos y siempre nos agradecen y están dispuestos a ayudarnos si necesitamos algo”, agrega Duque.
Kits
El proyecto contempla también la entrega de kits que amplían el impacto fuera del hospital, con materiales lúdicos y educativos, que pueden utilizarse en el domicilio tras el alta o en las habitaciones del hospital. Por ejemplo, si no quieren salir de ellas, les dejan material “para hacer algo”. Puede ser una bolsita con pinturas o manualidad. Creatividad que refuerza su bienestar.