Jon Barrutia ha sido decano de la Facultad de Economía y Empresa de la EHU. Es Doctor y Catedrático de Economía de la Empresa, ha sido vicerrector de Asuntos Económicos de la UPV/EHU, secretario del Instituto de Economía Aplicada a la Empresa, vicedecano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, miembro del patronato de Euskoiker y director del departamento de Economía Financiera II.
En ámbitos externos a la universidad ha ocupado diferentes responsabilidades, como las de Director de Universidades del Gobierno Vasco, Viceconsejero de Universidades e Investigación y miembro de los patronatos de DIPC (Donostia international Physics Center), Robotiker, Gaiker, Labein, Tekniker e Inasmet. En la actualidad es consejero del Consejo Económico y Social del País Vasco. En esta entrevista valora la situación economíca actual en tiempos de inflación e incertidumbre.
¿Cómo describiría la situación económica actual en términos generales?
–La situación económica actual en términos generales se puede decir que está sometida a altas dosis de incertidumbre. Aunque esta incertidumbre va cambiando. En un primer momento orbitaba sobre la duración del conflicto bélico y ahora gira sobre la duración de la tregua, pero su impacto sigue siendo significativo. Este contexto, hace que las expectativas de la economía sean, en todo caso, moderadas o algo negativas, lo cual incide también en previsiones más modestas de crecimiento. Por lo tanto, es una situación económica que está en alta observación, vigilante ahora mismo, esperando qué es lo que va a ocurrir en el futuro inmediato.
Inflación, incertidumbre y cambios estructurales marcan un escenario económico que exige prudencia y capacidad de adaptación
¿Qué escenarios pueden ocurrir en las próximas semanas?
–Básicamente seguimos como cuando empezó el conflicto, sin conocer cuál es la duración de este. En la medida en que esa incertidumbre dure, y no solo esa incertidumbre sino también el impacto que ha tenido en las fuentes de energía básicas y en toda la cadena de valor, nos lleva a escenarios de mayor inflación y mayor euríbor de lo previsto, y por lo tanto también de menor crecimiento.
¿Cómo afecta la inflación al poder adquisitivo de las familias?
–Lógicamente lo reduce. Porque lo que significa es que los precios de los bienes y servicios son más caros y, si tus ingresos no aumentan, tienes menor renta disponible.
¿Qué errores cometemos al manejar nuestro dinero en este contexto?
–El principal error es no ser racionales. Muchas veces, por el impacto alarmista de la información que recibimos, tendemos al corto plazo: pensamos que como no sirve para nada ahorrar, gastamos y luego ya veremos. Y eso es un error importante. Lo que hay que hacer siempre es gastar con racionalidad. Y gastar con racionalidad significa fijarse en aquellos productos en los que los precios sigan siendo razonables, porque existen. Por ejemplo, el Gobierno de España tiene una web donde se marcan los precios en tiempo real de todas las gasolineras del Estado. Eso permite comparar y decidir si conviene cambiar de gasolinera, aunque esté a unos pocos kilómetros más de distancia. Y esto, en general, no lo hacemos. En alimentación ocurre lo mismo: hay productos menos afectados por la subida de precios, pero encontrarlos hace la compra más laboriosa. También debemos adoptar una actitud más austera en el consumo. A veces somos muy marquistas y hay productos sustitutivos más baratos con el mismo valor. Cuando hablo de racionalidad, hablo de no dejarse llevar por ese sentimiento de carpe diem y de consumo impulsivo, sino de tomar decisiones conscientes.
El economista analiza el impacto de la inflación y la incertidumbre global, advierte de un escenario de menor crecimiento y destaca la importancia de la racionalidad y la adaptación ante los cambios estructurales
¿Cómo ve la economía en un horizonte de 1-2 años?
–El conflicto actual es coyuntural y, de una manera u otra, acabará. Pero estructuralmente debemos afrontar varios cambios. Por ejemplo, necesitamos fortalecer nuestra autonomía estratégica en energía y reducir la dependencia de determinadas materias primas y componentes industriales. Si mejoramos en estos aspectos, nuestra economía responderá mejor ante futuros shocks. A nivel global, la economía está sometida a transformaciones profundas que vendrán especialmente desde sectores como la automatización y la inteligencia artificial, entre otros. Son cambios que muchas veces no somos capaces de asimilar completamente, pero que tendrán un impacto muy relevante en los próximos años.
¿Es buen momento para comprar una vivienda?
–Si el mercado fuera estable, teóricamente ahora la vivienda nueva debería experimentar un enfriamiento de la demanda, y para quien tuviera posibilidades podría ser un buen momento para comprar. Pero partimos de un mercado desordenado y con crisis de oferta, incapaz ésta de satisfacer la gran demanda de inmuebles que existe. No hay que olvidar tampoco que la subida de precios también puede deslizarse a la construcción vía materiales, transporte etc .Todo ello genera impactos cruzados. La demanda de compra puede bajar por la inflación y el euríbor, que limitan el acceso al crédito, pero la de alquiler puede aumentar porque quienes no pueden comprar pueden trasladarse a ese mercado. Por tanto, no hay una regla fija: hay que analizar muy bien para qué se quiere comprar (inversión o intención habitacional) y dónde, porque la evolución de los precios depende mucho del territorio. Para los jóvenes será especialmente complicado, porque tienen menor renta disponible, menos capacidad de ahorro y una evolución salarial que no acompaña.
Desde su experiencia, ¿qué le preocupa más de la economía actual?
–Lo que más me preocupa es si la ciudadanía vasca es consciente no solo del conflicto coyuntural, sino también de los cambios estructurales que se están produciendo en la economía mundial, y si tiene voluntad de adaptarse, manteniendo y mejorando nuestra competitividad. Ante esta situación, es clave que, como sociedad, tengamos serenidad porque contamos con un buen sistema de protección social– e inteligencia para, aprendiendo de nuestros puntos vulnerables, tomemos decisiones que incrementen nuestra capacidad competitiva