Síguenos en redes sociales:

“El sentido del olfato lo tenemos hoy en día superanestesiado”

La vitoriana Begoña Imaz rescata en su libro la ‘Historia y ciencia del perfume’, antiguas recetas y a qué olían Casanova o Cleopatra

“El sentido del olfato lo tenemos hoy en día superanestesiado”Jorge Muñoz

CuandoMarilyn Monroe declaró que dormía vestida solamente por “unas gotas de N.5” no fue por un acuerdo publicitario o por dejar boquiabiertos a los hombres que la preguntaban, sino por verdadero amor. El que sentía por ese “perfume de mujer que huele a mujer”, como diría de él la diseñadora, Gabrielle Chanel. Más de 70 años después, este hábito de la ‘ambición rubia’ tiene sentido ya que una fragancia adecuada puede ayudar a descansar mejor, si incluye notas que reconforten o calmen, e incluso llevar a la cama a alguien, tras despertar sus instintos, como bien dominaban los seductores Casanova o Cleopatra.

Pero tiene narices la cosa, porque a pesar de que el olfato es uno de los sentidos más potentes, “detonador de emociones”, y de que su memoria es la que más perdura, le tenemos “anestesiado”, alerta Begoña Imaz Fernández de Trocóniz. Una vitoriana, farmacéutica de profesión, herbolera por vocación y perfumista de corazón, que en su libroHistoria y ciencia del perfume (Editorial Guadalmazán) rescata la huella aromática de distintas civilizaciones, celebridades y hasta recetas antiguas.

“Cuento sus particularidades, así que se empieza a ver una parte íntima de ellos, muy divertida e incluyo, por ejemplo, la de un perfume romano que me animé a elaborar en casa y que en nada tiene que ver con los que se comercializan ahora”, destaca Imaz.

Sensibilidad olfativa

Por esta razón, lo recomienda “para toda persona a la que le guste la historia, la naturaleza, las plantas medicinales y que tenga esa sensibilidad olfativa que todos deberíamos recuperar”.  

Tras trabajar en oficinas de farmacia más de 15 años, la pandemia y su maternidad fueron un punto de inflexión para ella, al ser cuando se puso a escribir.

Este, que se ha puesto a la venta esta misma semana, es el tercer libro de la también divulgadora de contenido (@tradicionsilvestre), tras los de Herbario medicinal urbano (2022), en el que recopila más de 200 plantas del Anillo Verde de Vitoria que empezó a recoger por su hija, y Tradición silvestre (2024), “que es un poquito celebrar la rueda del año, la espiritualidad ligada a la naturaleza, los solsticios, los equinoccios y tradiciones como Gau Beltza (Halloween)”.  

Begoña Imaz en la entrevista con DNA

Invitación a oler

A raíz de los mismos, empezó a dar talleres y cursos de perfumería tradicional, pero se quedó con la “espina clavada” de los aromas. De ahí que este tercero surgiera por “una necesidad”: la de compartir su manera de entender la perfumería.

Es también “una invitación a oler porque se nos ha olvidado hacerlo" y eso que desde el “minuto uno” que llegamos a este mundo está plenamente desarrollado, “para encontrar el pecho de la madre”.

“Pero en los últimos dos siglos hemos perdido muchísimo el contacto con la naturaleza. Una rosa cuando luego la hueles en persona es diferente. Estamos acostumbrados a recreaciones, pero hay que volver a oler”, resalta.

Su libro es también “un testigo”. “Un perfume que encuentres desde hace 400 años lleva la huella del perfumista que lo quiso hacer así para evocar una determinada imagen. Y también la de las materias primas que utilizaban porque hoy en día es todo sintético”.

Por eso, cuando se analizan esos perfumes antiguos “es genial ver si han utilizado plantas locales o si importaban de lugares lejanos, como el clavo, que venía de Indonesia”. Porque “hubo un tiempo en el que la pimienta y el azafrán valían más que el oro”.

Y se abrieron rutas comerciales, con gran poder entre quienes las controlaban. “Pero cuando cae el Imperio Romano de Oriente, en manos de los turcos, los cristianos se quedaron sin poder acceder a las especias orientales. Y es ahí cuando la corona de España o la de Portugal lanzan sus barcos a buscar nuevos trayectos. Y llega el descubrimiento de América, que trajo un nuevo universo olfativo”.

‘El Señor de los perfumes’

No en vano, para los antiguos, el sentido del olfato era “vital”. “Los egipcios tenían hasta divinidades específicas, como Nefertum, ‘Señor de los perfumes’. Era un poderoso instrumento. Y además, para diferenciar clases sociales, los perfumes, te hablaban de tu estatus, de tus preferencias sexuales, de todo”, precisa.

También eran un arma de seducción en toda regla. Afrodita cuentan que tenía el suyo propio, un intenso aroma a rosas. Helena de Troya, que llevó a los griegos a la guerra, además de su legendaria belleza, dicen que usaba el mismo frasco de esta diosa del amor “y eso ayudaba”. 

Cleopatra, de la que dicen que no era la más guapa, “seguramente” sí que era la que mejor sacaba sacarse partido. Por ejemplo, “cuando llegó al encuentro de Marco Antonio, lo hizo en un barco lleno de oro, con las velas perfumadas, con su perfume especiado y toda vestida de lila”

Otro gran seductor, Casanova “ofrecía a sus amantes el chocolate especiado a la triple vainilla, y se perfumaba con almizcle y ámbar, con fama de afrodisíacos”.

A Luis XIV se le conocía como “El rey perfumado”, pese a que solo bañó tres veces en toda su vida. Napoleón lo hacía en agua de colonia yllegó a gastar hasta 32 litros al mes.

Son algunas de las curiosidades que se pueden encontrar a lo largo de esta lectura de la que Imaz espera “de corazón” que inspire “a volver a disfrutar de los olores de vuestras tierras”.

¿Pero a qué huele la suya, la de Vitoria? “A haya, a humedad, a verde e incluso al salitre que llega también del Cantábrico”, describe.