Víctor Manuel Amado Castro, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad del País Vasco e investigador del Instituto de Historia Social Valentín de Foronda, analiza en esta entrevista a DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA las complejas tensiones geopolíticas que marcan el mundo actual.
Desde el conflicto en Oriente Medio y la escalada entre Irán, Israel y Estados Unidos, hasta la amenaza de un enfrentamiento en Taiwán con implicaciones globales, Amado Castro explica por qué, pese al aumento de conflictos regionales y la carrera armamentística, no estamos ante una Tercera Guerra Mundial.
El experto aborda la relevancia de la diplomacia, el multilateralismo y la multipolaridad, la fiabilidad de Estados Unidos tras la era Trump, el papel de China y Rusia, y los riesgos estratégicos de bloqueos de recursos energéticos y rutas comerciales críticas.
Además, ofrece su visión sobre la política exterior de España, la dimensión electoral interna de las decisiones de Pedro Sánchez y los factores que podrían desencadenar un conflicto global en el siglo XXI, aportando un análisis profundo y matizado que combina historia contemporánea, geopolítica y relaciones internacionales.
¿Cree que hoy en día es más probable que estalle una guerra mundial, dadas las tensiones globales que vivimos?
–Es difícil afirmarlo con rotundidad, pero mi tesis es que todavía no estamos en ese escenario, aunque sí hay un aumento de los conflictos regionales. No estamos en guerra mundial por elementos como la contención, la disuasión nuclear y la interdependencia económica global, que obligan a que los conflictos no se globalicen. Por ejemplo, el conflicto en Oriente Medio, el estrecho de Ormuz o Bab el-Mandeb, son preocupantes, pero lo realmente crítico sería si hubiera un conflicto en Taiwán que involucrase a grandes potencias y se regionalizara. Mientras tanto, en el corto o medio plazo, no veo un escenario similar a la Primera o Segunda Guerra Mundial. Decir que estamos en una tercera guerra mundial sería populista y alarmista. Eso sí, hay un aumento preocupante de conflictos regionales que involucran potencias.
“La historia nunca se repite; hay analogías, pero los escenarios actuales son muy diferentes a los previos de la Primera y Segunda Guerra Mundial”
Hablando de Asia, ¿cómo valora la situación entre China y Taiwán y el riesgo de un conflicto militar en la región?
–Taiwán es un elemento clave. Los especialistas en esa zona hablan de la fecha de 2049, cuando se cumplirán cien años de la creación de la República Popular de China. Para entonces, China busca la reunificación y el principio de una sola China, incluyendo Taiwán. Muchos analistas creen que antes de 2049 podría haber una acción militar china para anexar Taiwán. Lo que no se sabe es cómo respondería Estados Unidos. Históricamente, ha protegido a Taiwán, Japón y Corea del Sur en su estrategia en el Pacífico, pero la fiabilidad estadounidense ha disminuido desde Trump, y hoy nadie puede asumir que Estados Unidos intervendrá de manera automática. Japón también se está preparando: la primera ministra Takaichi busca cambiar la Constitución de 1947 para que el ejército japonés pueda tener capacidades ofensivas. Por lo tanto, si China atacara, no está claro hasta qué punto Estados Unidos intervendría militarmente. Esto sería un conflicto muy potente.
¿Se espera que antes de esa fecha se produzca algún tipo de acción sobre Taiwán?
–Lo que se establece en los comunicados del Partido Comunista es que para el centenario de la República Popular debe cumplirse Una sola China. Esto incluye la actual isla de Taiwán, donde se refugió el Kuomintang tras la guerra civil china. El régimen chino está desarrollando armamento y capacidades para alcanzar este objetivo. Por lo tanto, si bien no sabemos si será por guerra o acuerdo, el plan de China es que para 2049 se cumpla una sola China. Taiwán, además, es un productor clave de chips avanzados, así que su importancia estratégica es enorme.
En relación con la guerra actual entre Irán, Estados Unidos e Israel, ¿podemos compararla con los momentos previos a la Primera o Segunda Guerra Mundial?
–No, definitivamente no. Puede haber analogías históricas, pero la historia no se repite. Hoy existen factores como la globalización, la disuasión nuclear y el comercio internacional que no estaban presentes antes. La acumulación de conflictos o la carrera armamentística no implica que estemos en escenarios comparables a las guerras mundiales.
¿Cómo ve la carrera armamentística actual y su impacto en el conflicto de Oriente Medio?
–Venimos de un ciclo posterior al final de la Guerra Fría, donde la cantidad de armas había disminuido, aunque no su capacidad destructiva. Gracias a la tecnología, hoy menos armas pueden ser mucho más letales. En el conflicto actual de Oriente Medio, con Estados Unidos, Israel e Irán, no estamos ante una invasión comparable a Polonia en 1938-39. El sistema internacional es más complejo y los líderes son conscientes de los costes. Los dirigentes iraníes, si actúan de manera extrema, podrían morir haciendo daño, pero eso no indica que estemos ante una guerra mundial.
¿Pero cómo cree que responderá Irán ante las acciones de Estados Unidos e Israel y sus aliados?
–Irán va a dar una respuesta, porque en mi opinión está cayendo en la estrategia que Israel quiere: provocar el máximo daño mientras aumenta las probabilidades de su propio debilitamiento. Ataca a Azerbaiyán, que tiene buenas relaciones militares con Israel, y a otros vecinos como Turquía. Esa estrategia de Irán provoca respuestas que van en su contra militarmente.
El régimen de los ayatolás ha dejado muy poca diligencia política, y está actuando de manera arriesgada. Sus aliados son pocos: China ha dicho que no intervendrá militarmente, Rusia está ocupada en Ucrania, Venezuela y Cuba no van a involucrarse y Corea del Norte actúa según China. Por tanto, Irán está prácticamente sola.
“Todavía no estamos en ese escenario, aunque sí hay un aumento de los conflictos regionales. No estamos en guerra mundial por elementos como la contención, la disuasión nuclear y la interdependencia económica global"
Sobre los desencuentros diplomáticos entre España y Estados Unidos por el uso de bases militares, ¿cómo los interpreta?
–Hay un historial de desencuentros, sobre todo desde la administración Trump. La administración Sánchez ha actuado coherentemente según el derecho internacional, aunque algunos juristas cuestionen si el derecho internacional puede frenar dictaduras como la de Irán. La política exterior depende de las decisiones del gobierno y de los diplomáticos que la ejecutan. La posición española es coherente, pero arriesgada.
¿Existe la posibilidad de que el gobierno español recule o modifique su postura ante este conflicto?
–Con Sánchez todo es posible, pero lo veo difícil. El exceso de cálculo interno electoral hace que su postura sea arriesgada. Si el conflicto escala, España podría verse obligada a intervenir vía OTAN o Unión Europea. Esto puede implicar enviar fragatas o aviones, y el gobierno actuaría en defensa de un aliado, aunque la acción siga siendo ilegal desde el derecho internacional.
Me resulta casi incompatible que pueda escalar por tantos frentes y que no haya una mayor escalada.
–Es una percepción comprensible, pero hay que ponerlo en perspectiva. Para Europa, Ucrania es fundamental; en Latinoamérica, África o Asia, Oriente Medio sería un conflicto regional. La guerra mundial difícilmente surgiría de Oriente Medio. Por ahora, es Irán contra los países que reaccionan a sus ataques, no un conflicto sincronizado como en las guerras mundiales del pasado.
Comparando con las guerras mundiales del siglo XX, ¿cómo han cambiado las alianzas y apoyos internacionales en los conflictos actuales?
–Hoy Irán tiene pocos aliados y no es lo suficientemente atractivo como para que China o Rusia se involucren militarmente. En la Primera y Segunda Guerra Mundial había alianzas firmes, diplomacia secreta y causas de largo recorrido. Ahora no vemos esa sincronización ni esas alianzas profundas.
“La política exterior depende de las decisiones del gobierno y de los diplomáticos que la ejecutan. La posición española es coherente, pero arriesgada"
Sobre la política estadounidense, ¿cómo afecta la victoria de Trump a la estabilidad global?
–Sí supone un riesgo, pero no porque busque la guerra; de hecho, no ha iniciado conflictos nuevos. El problema es que rompe las reglas del juego, genera incertidumbre y abre oportunidades para que China o Rusia actúen. Más que un peligro directo, es un riesgo de inestabilidad por falta de previsibilidad, y la diplomacia necesita esa previsibilidad.
Mirando hacia la historia, ¿qué papel jugaron la diplomacia secreta y el imperialismo en los conflictos del pasado y qué diferencia hay con la actualidad?
–La diplomacia secreta fue fundamental en la Primera Guerra Mundial, combinada con el imperialismo y el colonialismo. La Sociedad de Naciones intentó paliar esos problemas en el periodo de entreguerras, pero decayó con la Segunda Guerra Mundial. Hoy no existe diplomacia secreta; todo es más transparente, con Estados Unidos e Israel aprovechando ventanas de oportunidad para presionar a Irán y enviar mensajes a China.
¿Cuál es la diferencia entre multilateralismo y multipolaridad y cómo afecta eso a la política internacional actual?
–El multilateralismo busca consenso internacional a través de instituciones como la ONU. La multipolaridad implica polos de poder que actúan según sus agendas y no necesariamente buscan consenso; o te adhieres o no.
“Un bloqueo de recursos energéticos o de las vías de transporte de esos recursos estratégicos sería crítico. La supremacía tecnológica mundial depende de recursos y de rutas estratégicas como Taiwán, Malaca, Ormuz, Bab el-Mandeb o Groenlandia"
Desde su perspectiva, ¿qué factor podría desencadenar un conflicto global hoy?
–Un bloqueo de recursos energéticos o de las vías de transporte de esos recursos estratégicos sería crítico. La supremacía tecnológica mundial depende de recursos y de rutas estratégicas como Taiwán, Malaca, Ormuz, Bab el-Mandeb o Groenlandia. Si se bloquean o se usan para cortar suministros a otra potencia, podría generarse un conflicto global, con alianzas internacionales implicadas, como la OTAN.
¿Qué importancia estratégica tiene Groenlandia en el contexto de los conflictos globales y el control de rutas comerciales?
–No tanto por minerales, sino por controlar rutas comerciales del Ártico. Si no garantizamos esas vías para las potencias occidentales, China o Rusia podrían controlarlas. Algunos proponen intervención vía OTAN; otros, unilateralmente. La presencia es estratégica, no una cuestión de invasión directa.
“Irán va a dar una respuesta, porque en mi opinión está cayendo en la estrategia que Israel quiere: provocar el máximo daño mientras aumenta las probabilidades de su propio debilitamiento"
¿Hay algún mensaje clave que quieras transmitir sobre cómo interpretar la situación internacional actual?
–Hoy más que nunca, la geopolítica está definida por la tecnología, los recursos y la capacidad de proyectar poder a través de rutas estratégicas. Si se pierde la previsibilidad o se bloquean esos recursos, cualquier conflicto regional podría escalar, pero de momento, aunque hay riesgos, no estamos ante una guerra mundial.