Hace apenas ocho meses que Alexander Vásquez llegó a Vitoria allanando así el camino a su mujer Carolina Castillo y a su pequeña Salomé. Abandonaron toda su vida en Cali para venir a Gasteiz en busca de un mejor futuro para su niña de 9 años que de mayor quiere ser veterinaria. Allí les dijeron que “acá” no era difícil encontrar un empleo, pero no que sin papeles es imposible trabajar.

Él dejó de ser Auxiliar de Enfermería en el área logística de una casa médica de implantes para fracturas osteomusculares y ella, su puesto de Relaciones Laborales en un banco. Y ahí comenzó su atropellada travesía hacia una anhelada nueva vida para su hija. Confiesa Alexander que “está siendo duro”; “cuando tomamos la decisión, nos arriesgamos a dejar todo lo que teníamos, pero lo de no poder trabajar...”, resopla Carolina.

El papeleo va lento, tiene sus plazos y, agotados los ahorros que se trajeron de Cali ya no les llega ni para pagar las facturas de luz y agua caliente; sobreviven gracias a la ayuda económica del Fondo Isuri habilitado por el Gobierno Vasco para paliar las consecuencias de la guerra de Ucrania; en este caso, la pobreza energética que congela hogares.

Ambos intentan levantar cabeza, al igual que miles de familias –cada vez más– sin recursos para mantener sus hogares a una temperatura confortable. Con todo, no se arrepienten. “También hemos encontrado mucho apoyo”, agradecen. Ayuda como la prestada por Cruz Roja, encargada de gestionar los fondos. “Sara está todo el rato pendiente de nosotros y siempre con una sonrisa en la boca; de alguna manera, hace que todo sea más llevadero”, valora Carolina.

Cruz Roja de Álava lleva camino de duplicar la cifra de 220 familias atendidas por pobreza energética en 2021, ya va por las 350; en cuanto al importe, si en 2021 fueron 70.000 euros en pagos de suministros, este año, los abonos ya están por encima de los 120.000. “Aún estábamos levantando cabeza de la pandemia y llegó la guerra de Ucrania, que ha agravado todavía más la situación”, sostiene Txomin Ondarre.

“Las familias no son sólo pobres energéticamente hablando; son personas con dificultades para llegar a fin de mes, que se ven obligadas a elegir entre pagar la comida y la hipoteca o los recibos de luz y gas; con todo lo que ello implica porque, a partir de ahí renuncian a otras muchas cosas, lo que puede derivar en problemas incluso de salud, no sólo física sino también mental; de ahí la importancia de trabajar con estas personas la parte emocional y la autoestima personal, apunta el director de Inclusión Social y Empleo de Álava en Cruz Roja.

Por ahora, Alexander y Carolina comparten una diminuta habitación en un piso de la calle Santo Domingo; disponen de dos camas, un armario, una estufa eléctrica y mantas para caldear su refugio de vida. Saben que son momentos difíciles, pero no se permiten flaquear. Ni siquiera Salomé. “Estamos superalineados los tres, incluida la niña, que es de un apoyo increíble, es la que nos da fuerza a nosotros; es una niña, pero como ve que no podemos gastar hasta ella dice: sí papi, tranquilo, que en este momento no se puede...”, alaba Alexander. “Lo increíble es que está mentalizada, antes no dejaba de pedir: yo quiero, yo quiero, yo quiero… y ahora, nada”, añade. “Todo va a pasar y vamos a poder darle a Salomé la vida que vinimos a buscar para ella, lo vamos a lograr”. La férrea convicción de Carolina es admirable.

“Creo que lo peor está por llegar, aún no hemos visto la punta del iceberg; de ahí que el Gobierno Vasco esté aumentando los fondos, pero también hay historias de éxito, familias que salen adelante; por eso nuestra ayuda pretender ser puntual”, precisa Txomin Ondarre.

Fondo Isuri

Pobreza energética. El Fondo Isuri es una iniciativa del Departamento de Igualdad, Justicia y Política Social del Gobierno Vasco de ayuda a personas y familias ucranianas y a otras residentes en Euskadi en situación de vulnerabilidad por los efectos de la guerra. Contacto: Cruz Roja. Email: ‘paisvasco@cruzroja.es’.