Buena vecindad en 'la Herre'
El vecindario responde a la llamada a la fiesta de este rincón del Casco Viejo que estrecha relaciones entre cantón y cantón
Como si el Bode aún estuviera abierto, los miembros de Gasteiz Kantuz mantienen sus citas en esta plazoleta de la calle Herrería en la que, pañuelo verde al cuello y cancionero en mano, entonan Aberriaren mugak y un amplio repertorio del folklore vasco.
Al fondo de la calle, banderines con ikurriñas y lauburus engalanan la última vecindad de la Herre. El vecindario responde a la llamada de las sociedades gastronómicas –nada menos que cinco en este tramo de la vía– y sale a la calle para honrar a su patrona, Nuestra Señora del Buen Camino, con una ofrenda floral y aurresku de honor a los pies de la hornacina. Después, todos marchan en kalejira hacia la Fuente de los Patos para seguir los pasos de los dantzaris de Abendaño Dantza Taldea; seis elegantes parejas a las que los vecinos de la Herre hacen corro y aplauden con ganas.
Se trata de una pequeña fiesta que tiene muy buena acogida entre los gasteiztarras, recuerda José Antonio Arberas, uno de los impulsores “con afán de lograr la más amable de las convivencias posible entre todos los que disfrutamos de esta zona de la ciudad, buscando una mayor y mejor relación entre los vecinos no sólo de esta vecindad situada entre los cantones del Seminario y Carnicerías, sino entre todas las personas que se adentran en el Casco Viejo”, explica.
Entre cantón y cantón
No todos saben que la última vecindad de la Herremantuvo sus fiestas hasta bien entrado el siglo pasado cuando otras ya las habían perdido. Su recuperación vale también para recordar parte de la historia de la ciudad. Y es que, las vecindades del Casco Viejo fueron en el pasado de vital importancia para el funcionamiento social y administrativo, además de por su carácter solidario. “Entre cantón y cantón había una vecindad y cada una era como un ayuntamiento, con su alcalde y hasta derecho a desterrar a un vecino y no sólo en la Herre, también en la Cuchi...”, rememora Arberas.
Ahora, por contra, “el ritmo de vida es más individualista y un tanto frenético, no ayuda a tener una relación cercana entre vecinos; por eso, queremos que esta fiesta rompa esa dinámica, aunque sea sólo durante unas horas”, apunta Arberas pensando ya en la degustación popular que pone fin a las fiestas de la última vecindad de la calle Herrería, otro año más, marcadas por el buen ambiente.
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