Andalucía afronta hoy unas elecciones que pueden consolidar un nuevo ciclo político en una comunidad que durante casi cuatro décadas fue el principal bastión institucional del PSOE y que hoy parece haberse desplazado hacia una hegemonía conservadora encabezada por Juan Manuel Moreno. Los sondeos publicados durante la campaña apuntan a que el PSOE andaluz podría confirmar su transformación en una fuerza secundaria dentro de un territorio que durante años definió buena parte del equilibrio político español. La candidatura de María Jesús Montero nació precisamente con la intención de frenar esa deriva. Sin embargo, la campaña no ha alterado sustancialmente el escenario de partida y la principal incógnita sigue siendo si el PP logrará o no la mayoría absoluta. Esa cuestión no es menor. De ella depende la necesidad de un eventual acuerdo con Vox, como ya ha ocurrido en otras comunidades autónomas. Moreno Bonilla ha intentado durante toda la campaña alejarse de esa hipótesis, consciente de que tanto a él como a Núñez Feijóo les conviene proyectar una imagen de moderación y centralidad. El presidente andaluz ha construido una campaña claramente presidencialista, basada más en la estabilidad institucional y en su perfil dialogante que en grandes debates ideológicos. Pero tampoco conviene perder de vista los antecedentes. Fue precisamente Andalucía el primer laboratorio de los acuerdos entre el PP y la ultraderecha. Aunque Moreno haya tratado desde entonces de marcar distancias con Vox, nada permite descartar un nuevo entendimiento. En su contra juega el deterioro de los servicios públicos, especialmente la sanidad. La polémica por los cribados de cáncer y el creciente malestar por las listas de espera han situado la gestión sanitaria en el centro del debate electoral. El PSOE ha tratado de convertir ese desgaste en el principal flanco vulnerable del Gobierno andaluz, denunciando una progresiva privatización del sistema público de salud. Sin embargo, el malestar existente en algunos servicios esenciales no parece haber erosionado de forma decisiva al candidato popular. El resultado del domingo será observado con atención en todo el Estado. Para el PP, Andalucía puede reforzar la idea de que la moderación amplía su espacio electoral. Para el PSOE, en cambio, una nueva derrota tendría graves consecuencias sobre las expectativas de Pedro Sánchez a poco más de un año de las generales.
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