En los momentos de turbulencias y tensiones geopolíticas, la acción institucional del Gobierno Vasco está destacando por su capacidad de resistencia. El lehendakari, Imanol Pradales, está protagonizando un ejercicio de resiliencia política y administrativa frente a una sucesión de trabas que trascienden el marco competencial.

Están quedando en evidencia en cada proceso negociador de transferencias los intereses que, desde dentro y desde fuera del Gobierno de Pedro Sánchez, buscan condicionar la agenda vasca como pieza en el tablero de presiones entre socios y adversarios. Pese a ello, en los últimos meses se han materializado transferencias esperadas desde hace décadas, como la gestión de los centros penitenciarios o la homologación de titulaciones universitarias, completando un Estatuto que sigue acercándose a su culminación.

Ahora, la duda sobre el verdadero alcance de la cogestión de los aeropuertos vascos ilustra la persistencia de un freno estructural: la resistencia de algunas estructuras y sociedades públicas del Estado a compartir poder real con las instituciones vascas. Cada traspaso se afronta como una conquista que requiere determinación, negociación y paciencia.

El encuentro de Pradales con Sánchez y comisión bilateral de ayer en Moncloa están en esa línea. El lehendakari ha sabido mantener una interlocución firme y constructiva con Moncloa, sin ceder a la tentación del ruido, al tremendismo ni al victimismo. La lealtad institucional mostrada por el Gobierno Vasco y el PNV hacia Sánchez no es un cheque en blanco, sino una contribución a la estabilidad precisa para acometer sus reformas y cumplir los compromisos adquiridos con Euskadi.

Esa misma lealtad exige reciprocidad: atender demandas razonables en materia de inmigración, o presencia institucional vasca en el exterior, que aún siguen en la agenda pendiente de avances que tampoco llegaron ayer. Pero sí se consolidaron avances en materia de seguridad y se despejó la duda de si cabe la cogestión de los aeropuertos vascos, cuestionada por Aena; un órgano bilateral lo hará posible como ejemplo de una política útil, que defiende los intereses de la ciudadanía vasca sin romper puentes, que reclama respeto mientras ofrece certidumbre. Esa es, hoy, la forma más inteligente de avanzar.