La cartera bilbaina: tradición financiera, pero riesgo de concentración
Aunque sabemos que los ciudadanos son más dados a guardar el dinero en una cuenta corriente que a ponerlo a trabajar, en Euskadi existe una forma muy reconocible de invertir. Es la llamada cartera bilbaina. Gracias a esta tradición, habitualmente las familias vascas suelen tener una cartera con acciones de empresas que sienten cercanas, física y emocionalmente.
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Esta preferencia no es casual. Responde a un fenómeno muy estudiado en finanzas conductuales: el sesgo de proximidad. Invertimos en lo que conocemos, en lo que sentimos como propio, en aquello que aparece en nuestro periódico local o cuya sede vemos al pasar por la Gran Vía. Y aunque esta inclinación es humana, debemos advertir que también limita la diversificación, concentra los riesgos y condiciona la experiencia inversora. En definitiva, esta forma de invertir respondería a aquel dicho de “poner todos los huevos en la misma cesta”.
Como es lógico pensar, el sesgo de proximidad no es exclusivo de Bilbao. Si preguntamos a inversores de Düsseldorf, probablemente señalarían empresas alemanas; y si lo hacemos en Boston, su respuesta estará relacionada con compañías estadounidenses de su ámbito más cercano.
El problema es que anclar la inversión a lo que tenemos cerca puede generar experiencias muy distintas entre países. Si vemos la evolución de los índices bursátiles, en los últimos 20 años, la rentabilidad de un inversor español centrado en valores nacionales ha sido muy inferior a la de un inversor alemán o estadounidense. Mientras tanto, quien ha invertido de forma global ha disfrutado de una experiencia más estable y, en general, más positiva.
"Quien ha invertido de forma global ha disfrutado de una experiencia más estable y, en general, más positiva"
Por lo tanto, frente a poner “todos los huevos en la misma cesta”, lo más coherente sería realizar una distribución en muchas cestas porque, cuanto más diversificada está una cartera, más se parece al mundo real y menos depende del destino de unas pocas empresas o de un solo país.
La forma más coherente de hacerlo responde al criterio de la diversificación. Primero sería recomendable una asignación geográfica, es decir, invertir en todo el mundo, y no solo en Bilbao, en España o en Europa. Además, se recomienda una variedad de sectores, activos, estilos y tamaños de empresa, así como de periodicidad de las entradas en el mercado.
Este enfoque no busca maximizar el beneficio puntual, sino estabilizar la experiencia inversora, reducir la volatilidad y evitar que un error de concentraciónarruine años de ahorro. Por eso, seguir confiando únicamente en unas pocas empresas es como navegar con un mapa incompleto. Puede funcionar durante un tiempo, pero deja fuera demasiadas oportunidades y expone al inversor a riesgos innecesarios.
La cartera bilbaina forma parte de nuestra identidad financiera, pero debe entenderse como un punto de partida, no como un destino. Mantener el arraigo es compatible con abrir la mirada al mundo, diversificar y construir carteras que reflejen la economía global del siglo XXI.
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