El exjugador del Deportivo Alavés Iñigo Calderón Zapatería (Vitoria, 1982) ha logrado su primer gran éxito en los banquillos al proclamarse campeón de la exótica Liga de Hong Kong con el Kitchee. Canterano del conjunto babazorro, pasó como jugador por las filas del primer equipo gasteiztarra, Alicante, Anorthosis (Chipre), Chennaiyin (India) y el Brighton inglés, donde llevó a cabo la mayor parte de su trayectoria deportiva.
Tras colgar las botas en el fútbol indio en 2019, el gasteiztarra regresó a su ciudad para trabajar como asistente técnico en las categorías inferiores de Ibaia. En junio de 2023 puso rumbo de nuevo a Brighton, donde es toda una institución, para dirigir al equipo sub-18. El pasado curso tuvo su primera experiencia al frente de un primer equipo, el Bristol Rovers. Sin embargo, no fue todo lo positiva que le hubiese gustado y desembocó en una salida que le ha llevado a Hong Kong este año, donde ha logrado conquistar el campeonato liguero.
Lo primero, enhorabuena por su primer título siendo entrenador. ¿Cómo lo ha vivido?
Pues muy bien, porque además venía de un descenso, que es la otra cara de la moneda para un entrenador. Fueron meses complicados y encontrar un equipo con el que hemos podido ser campeones ha sido una satisfacción enorme. He podido vivir la parte bonita del fútbol y he disfrutado mucho. Como entrenador ha sido muy gratificante.
Además, en una experiencia exótica en Hong Kong, un lugar al que no se le asocia mucho con el fútbol. ¿Qué le llevó hasta allí?
Sí, es una aventura distinta. Venía de una experiencia mala en Inglaterra y cuando en Europa o en España se cierran puertas tienes que buscar otras alternativas más lejos. Seguramente no pensaba ir tan lejos, pero investigué mucho, pregunté y siempre recibí feedback positivo. Me animé porque el fútbol es fútbol en cualquier lugar, con sus matices, pero sigue siendo el mismo deporte. Era una oportunidad importante para mí como entrenador, una experiencia para vivir en familia y la acogí con ilusión.
Pese al éxito liguero, ¿se le ha hecho difícil aclimatarse? Ya sea por el modelo de fútbol, el estilo de vida o el choque cultural.
Las normas son las mismas y juegan once contra once, pero cada país tiene algunas particularidades. Intenté adelantarme viendo muchos partidos de años anteriores antes de llegar y una vez allí seguí informándome todo lo posible. La adaptación siempre existe, pero es importante intentar reducir ese periodo y evitar pagar un peaje demasiado grande.
Algo que tal vez ha podido ayudar es el hecho de contar con cinco jugadores con los que comparte idioma: Roger Riera, Illarramendi, Merquelanz, Leandro y Revi.
Sin duda, creo que ha sido una de las claves. El año pasado las cosas no salieron bien en Bristol y este año sí han salido bien en Hong Kong. Tener jugadores familiarizados con tu idea de juego es muy importante. Poder traer futbolistas que ya conocían ciertas formas de trabajar me ha ayudado mucho. Al final son ellos los que juegan porque el entrenador está fuera y, por mucho que grites, si los de dentro no comparten la idea, estás muerto.
“Yo jugué en el Alavés y eso lo diré hasta que me muera. Para mí, como vitoriano, es un orgullo”
Todos ellos, además, casualidades de la vida, con pasado reciente en el fútbol vasco, un modelo que usted conoce bien.
Sí, y no es casualidad. Algunos son vascos y otros han jugado allí, así que entienden mejor cómo soy como entrenador. También ocurre que tengo muchos más contactos en Euskadi que en otras zonas. No es una cuestión de buscar gente con DNI vasco, ni mucho menos, sino que es el entorno que mejor controlo.
¿Qué puede decir del día a día en el vestuario? Especialmente de Asier Illarramendi, el jugador posiblemente con más nombre.
El día a día es muy fácil la verdad. Él es un tío muy normal, cercano y un apasionado del fútbol. De Mutriku, para la bueno y para lo malo. Le gusta entrenar y convivir con el grupo. Al principio puede dar algo de respeto hablar con alguien que ganó una Champions, pero al segundo día ya es uno más. Para mí ha sido un privilegio compartir esta experiencia con todos ellos y tener a alguien de su nivel y jerarquía en el vestuario la verdad es que es un lujo.
Hablando de usted, ¿cómo es como técnico? ¿Se inspira en algún entrenador que le marcó especialmente durante su trayectoria sobre el césped?
He intentado coger cosas de todos. Quedarme con lo positivo y evitar algunos aspectos que igual me gustaban menos. Soy un entrenador al que le gusta la intensidad, la pasión, porque así era también como jugador. Por suerte he tenido muy buenos mentores y de cada uno he aprendido algo distinto, pero al final tienes que ser tú mismo porque los jugadores detectan enseguida cuando alguien intenta imitar a otro.
Su etapa en el Alavés no fue fácil, tiempos convulsos y mucho movimiento en el banquillo. ¿Qué recuerda de todo ese caos?
Fueron dos años complicados en los que seguramente no disfruté todo lo que merecía la ocasión. Para mí jugar en el Alavés era un sueño y la situación deportiva hizo que muchas veces, al mirar atrás, recuerde más la presión y el miedo al descenso que los momentos bonitos. Sí que recuerdo algunos momentos concretos de disfrutar vistiendo la camiseta. Lo que tengo claro es que fui jugador del Alavés y eso lo diré hasta que me muera. Para mí, como vitoriano, es un orgullo.
¿Qué entrenador destaca más de los que tuvo?
Siempre es complicado destacar nombres porque no quieres olvidarte de nadie, pero aprendí mucho de varios. De Natxo González a nivel táctico aprendí mucho, y con Javi Pérez a nivel de gestión. Luego tuve entrenadores como Bordalás en el Alicante, Óscar García o Gustavo Poyet en el Brighton y es lo que te digo, al final te quedas con una mezcla de todos ellos y esa es la herencia que intentas trasladar.
Habla mucho del Brighton, lugar donde usted es considerada una leyenda. ¿Fue su etapa más bonita como jugador?
Sin duda. Al fin y al cabo allí estuve seis años y medio y coincidí con una etapa de crecimiento espectacular del club. En el Alavés viví años complicados, de mucho declive, y allí fue justo al revés, de abajo hacia arriba. Pasamos de luchar por no descender en Tercera a ascender a Segunda y quedarnos a las puertas de la Premier League. Participar en ese crecimiento fue algo muy especial. Además, llegué después de unos meses muy difíciles porque tras salir del Alavés me quedé sin equipo con 28 años. Fue una etapa dura, pero estoy convencido de que me hizo mejor persona y mejor jugador. Probablemente fue cuando desarrollé mi mejor fútbol.
El Brighton lleva años afianzado en la élite. ¿Cómo se trabajó desde dentro para lograr ese crecimiento?
Yo destaco el plan que tenían a largo plazo y el hecho de que no se desviaban de él. No había bandazos por los resultados ni decisiones impulsivas. Perdimos tres play offs de ascenso a la Premier y cualquier otro club habría entrado en pánico, pero ellos no. Al día siguiente seguían trabajando exactamente igual porque entendían que formaba parte del proceso.
“En el Alavés no siempre se valora lo difícil que es mantenerse año tras año en la máxima categoría”
¿Usted cree que hay tanta diferencia entre el fútbol inglés y el español como la gente dice?
Creo que el fútbol inglés es más competitivo porque hay muchos equipos con gran capacidad económica para construir buenas plantillas. Eso hace que cada partido sea muy exigente. En España existe más diferencia entre los equipos grandes y los pequeños. Desde el punto de vista táctico y técnico, yo creo que el fútbol español es mejor, pero en términos de competitividad prefiero el inglés.
Tras Inglaterra, su destino fue primero Chipre y luego la India, otros dos países bastante peculiares en el mundo del fútbol. ¿Qué destaca de aquellas etapas?
La verdad es que Chipre me sorprendió. Allí tienen una cultura futbolística muy fuerte, con mucho seguimiento y mucha pasión, casi al nivel de Inglaterra. Como lugar para vivir es fantástico, un destino muy recomendable. India es diferente. A nivel personal fue una experiencia enorme, aunque a nivel de familia fue algo más complicado porque mi familia se quedó en Vitoria. El primer año fue espectacular porque ganamos la Superliga. El segundo fue más difícil, pero también forma parte de la experiencia.
Mucho recorrido y mucho mundo a sus espaldas, pero usted no deja de ser un alavesista más. ¿Sigue al equipo a menudo?
Sí. Justo este año quizá ha sido el que menos he podido seguirlo por el tema horario. Tenemos seis o siete horas de diferencia y es más complicado. Aun así, sigo toda la actualidad, miro los resúmenes, leo la prensa de Vitoria y me mantengo informado.
¿Qué opina de la situación actual del club?
Creo que ha sido una temporada complicada un año más, pero cualquier curso que el Deportivo Alavés termine en Primera División debe considerarse positivo. Evidentemente a todos nos gustaría pelear por cotas más altas, pero no siempre se valora lo difícil que es mantenerse en la máxima categoría. Lo principal es salvar la categoría, y cuando un año sea más tranquilo en muchos sentidos, entonces ya te puedes centrar en algo más grande. Los alavesistas somos sufridores por naturaleza y el que es del Alavés ya lo sabe. Yo no me cambio por nadie.
Ya estuvo en Ibaia como entrenador de las inferiores antes de poner rumbo otra vez a Inglaterra y luego a Hong Kong. ¿Se ve regresando algún día a Mendizorroza?
Todos tenemos sueños y yo nunca he escondido los míos. Mi sueño era jugar en el Alavés y lo conseguí. También quería jugar en Inglaterra y lo conseguí. Y como entrenador también tenía dos, uno era entrenar en Inglaterra, que lo he conseguido y el otro es un sueño que me falta por cumplir. Para mí el Alavés siempre ha sido lo máximo y ojalá algún día se pueda dar, pero bueno, de momento disfrutaremos del proceso que también es importante.
¿Cuáles son los objetivos con el Kitchee para la próxima temporada?
Tengo dos años más de contrato. En nuestra liga, el objetivo es volver a ganarla. Por otro lado, tenemos por delante la Liga de Campeones asiática, que es un reto muy ilusionante. Sabemos que somos la cenicienta y que competiremos contra colosos de Japón, China, Tailandia o Australia, así que vamos sin presión. Queremos hacer el mejor papel posible y si conseguimos ganar dos o tres partidos en la fase de grupos ya sería un gran éxito. Vamos a afrontar el desafío sin miedo y con muchísima ilusión.