Los diversos conflictos bélicos abiertos en Oriente Medio amenazan con volver a sacudir el tablero de la economía. Ante esta situación, con más incertidumbre añadida a la que ya existía anteriormente, el Grupo para la Defensa Industrial de la CAV anunció ayer que está ultimando medidas en el marco de un escudo industrial “por si la situación se alarga y se complica”, explicó el lehendakari, Imanol Pradales.

Convocada la semana pasada tras el agravamiento de las tensiones bélicas en la región, el Grupo para la Defensa Industrial se reunió esta tarde en el Parque Tecnológico de Bizkaia para analizar el impacto en el tejido empresarial vasco, algo que a estas alturas nadie pone en cuestión. “Ya estamps pagando la energía más cara que una semana antes”, advertía el pasado viernes José Pérez Berdud, el presidente de AFM, el clúster de la máquina-herramienta. La de la energía es una de las vertientes que más preocupa, puesto que el encarecimiento del gas y el petróleo va a castigar en especial a la industria electrointensiva, pero es que también se pueden producir afecciones en la cadena de suministros, como ocurrió tras la pandemia y en la crisis inflacionaria de 2022. Sin olvidar que las pérdidas en las Bolsas también repercuten en las carteras de ahorro e inversión referenciadas a los índices bursátiles. En definitiva, un perjuicio que se traslada a todos los segmentos de la economía, tanto desde el punto de vista sectorial como de agentes implicados, puesto que se van a ver castigados tanto empresas como consumidores vascos.

Ante cerca de 50 de los principales representantes del sector industrial, cámaras de comercio, clústeres, diputaciones forales, Confebask, y sectores productivos del país, Pradales aseguró que desde el Gobierno Vasco “vamos a activar lo que está en nuestras manos. Y también solicitaremos a otras instituciones, europeas y del Estado, que hagan aquello que les compete a ellas. Ya estamos trabajando en un primer paquete de medidas por si la situación se alarga y se complica”, añadió.

La reunión estuvo presidida por el lehendakari, acompañado por los consejeros de Industria, Mikel Jauregi; de Hacienda, Noël d’Anjou; de Economía, Mikel Torres; las diputadas generales de Bizkaia y Gipuzkoa, Elixabete Etxanobe y Eider Mendoza, y el diputado general de Araba, Ramiro González. El Grupo se creó hace ahora un año en un contexto de inestabilidad marcado entonces por la introducción de aranceles por parte de la Administración Trump. El objetivo definido fue el de “diseñar estrategias ante el creciente proteccionismo y la inestabilidad global”. Ahí, se identificaron a sectores como el de la automoción y la siderurgia como los que más protección iban a requerir, al tiempo que se propuso incrementar la soberanía en campos estratégicos como la energía. Todo ello en coordinación con Europa. Al albur de este marco general se lanzó el pasado año el Plan de Ayudas a la Industria, con hasta 500 millones para fortalecer el sector especialmente a las pymes. Además, también se gestó la Alianza Financiera Vasca, un mecanismo público-privado para que las capacidades financieras vascas se orienten al fortalecimiento y arraigo del tejido industrial y tecnológico de Euskadi.

En su intervención, Pradales alertó de que el conflicto en torno a Irán “representa la mayor amenaza energética y logística para la industria vasca desde 2022”. La clave está en “anticiparse”, indicó Pradales, que señaló asimismo que el “factor determinante” de la crisis va a estar en la duración de la misma. “El impacto sobre la economía y el bolsillo de la gente será distinto si esto se alarga pocas semanas o varios meses”, advirtió el lehendakari.

“Nos preocupa la industria y el empleo industrial. Y nos preocupa cómo afecta esta crisis a los bolsillos de la gente, a través de los precios de la energía, del transporte o de muchos productos básicos”, dijo el lehendakari, que alertó de que una prolongación del bloqueo del Estrecho de Ormuz, supondrá que “nos enfrentaremos a efectos duros sobre los costes energéticos, las cadenas de suministro y la demanda en algunos mercados”. Una situación que afectará a sectores como la siderurgia, la industria química, la automoción y la máquina herramienta, muy expuestos a alteraciones prolongadas en los mercados energéticos y en las rutas logísticas.