La calefacción es el gran protagonista de estos días en muchos hogares. Para hacer frente al frío con garantías, es uno de los sistemas más utilizados que existen. Aun así, no hay que olvidar que su uso también influye en el recibo de final de mes y que se puede disparar si no se usa de forma inteligente. 

Sin embargo, no todo está perdido, porque hay hábitos fáciles de llevar a cabo para que se pueda calentar la vivienda sin gastar grandes cantidades de dinero a final de mes. Unos pequeños gestos que evitan el consumo de más y mejoran el bienestar de la casa. 

La temperatura adecuada: ni más ni menos

Muchas personas creen que subir la temperatura hará que la casa se caliente antes, cuando en el fondo solo se aumenta el consumo. Por lo tanto, la temperatura más adecuada para el interior durante el día es de entre los 19 y los 21 grados centígrados. 

Además, subir cada grado incrementa mucho el gasto de energía. Esto significa que, por ejemplo, pasar de 21 a 23 grados supone un gasto considerable a final de mes, pero que no se traduce en un bienestar personal. 

Por no hablar de que la temperatura ideal dependerá de cada estancia de la casa. Mientras que zonas como el salón pueden mantenerse estables, las habitaciones poco usadas o dormitorios deben estar algo más frescas.  

Imagen de un calefacción de gas natural. Juan Lazkano

Pequeños hábitos que marcan la diferencia

Dejando a un lado la temperatura, hay gestos que influyen en el gasto energético, como apagar la calefacción si no hay nadie en casa, o encenderla durante horas en una vivienda vacía. Lo primero ahorra electricidad y lo segundo no hace más que gastar. 

Aprovechar la luz solar es también un recurso útil: basta con abrir cortinas y persianas para que entren los rayos de sol y el ambiente se vaya calentando de forma natural. Esto conviene hacerlo, principalmente, en sitios orientados hacia el sur o hacia el oeste.

Aislar puertas y ventanas también es otra herramienta que podemos aplicar para ahorrar en la factura. Es un truco que impide que el calor se disipe durante un tiempo. Asimismo, para ventilar la casa, basta con unos cinco minutos para que las habitaciones se oxigenen. 

Trucos que conviene aplicar 

Más allá de los consejos que hemos repasado antes sobre la calefacción, hay otros que también se pueden poner en marcha para lograr este objetivo. Uno de ellos es cambiar los radiadores: sin son viejos, es importante sustituirlos por nuevos, y a ser posible de aluminio, que calientan más rápido.

Por otro lado, para mantener una temperatura estable en la casa, nada como los suelos de madera o PVC. Si son de piedra o de cerámica, hay alternativas más efectivas como colocar moquetas en el mercado. 

Finalmente, a pesar de que puede ser tentador colocar ropa húmeda sobre los radiadores para que se seque rápido, es un grave error. Esto impide que el calor se disperse, obligando a los radiadores a trabajar más para calentar la habitación e implicando mayor consumo.