La selección portuguesa de fútbol ha conseguido su billete para los octavos de final del Mundial gracias a una victoria con remontada incluida frente a Croacia. Un gol de Cristiano Ronaldo y otro de Gonçalo Ramos en el tiempo de descuento pusieron el 2-1 definitivo para que los lusos se enfrenten a España en la siguiente ronda.

Una primera parte de dominio portugués

El encuentro arrancó con una marcha más por parte de Portugal. Los de Roberto Martínez asfixiaron a Croacia desde el pitido inicial con una presión altísima, aunque el primer aviso lo dio curiosamente la selección balcánica: una internada de Vlasic que culminó Budimir con un remate demasiado tierno a los tres minutos.

Ese pequeño susto no fue más que un espejismo, y Portugal perdonó lo imperdonable acto seguido. Rafael Leão ganó línea de fondo y sirvió unpase de la muerte para Bruno Fernandes, pero Livakovic se hizo gigante para firmar un paradón y taponar también el rechace del propio Bruno. El asedio era total. Poco después, Neto puso un caramelo al área al que Cristiano Ronaldo no llegó por milímetros tras medir mal el guardameta croata en su salida.

Superado el chaparrón del primer cuarto de hora, Croacia logró bajarle las pulsaciones al choque. La selección ajedrezada, vestida hoy de azul, decidió hundirse en su campo y juntar líneas, cediendo toda la iniciativa a una Portugal que empezó a atascarse en posesiones largas y horizontales.

Salvo un centro envenenado de João Cancelo que no encontró rematador y un centrochut durísimo de Bruno Fernandes al palo corto que volvió a desbaratar la mano salvadora de Livakovic, la pólvora lusa se fue mojando con el paso de los minutos.

Leão tuvo la última justo antes del descanso, pero mandó a las nubes una volea forzada tras un despeje de Perišić. Portugal mandó, perdonó y se marchó al túnel de vestuarios con la frustración de saber que merecía ir por delante en el marcador.

Montaña rusa de emociones

A la vuelta de los vestuarios, el partido fue otro mundo. Croacia dio un paso al frente, se quitó los complejos y no tardó en dar la campanada. En el 54', un balón cruzado se paseó por toda el área portuguesa hasta caerle a Perišić en el segundo palo. El veterano la bajó con una sangre fría tremenda y clavó un latigazo raso para poner el 0-1.

El gol dejó a Portugal al borde del KO. Empezó un correcalles de locos donde a los balcánicos les anularon el segundo por fuera de juego y Rafael Leão reventó la madera en la réplica lusa. Cuando peor pintaban las cosas para los de Roberto Martínez, apareció el VAR.

El árbitro se fue a la pantalla para revisar un agarrón de Vlašić sobre Renato Veiga a la salida de un córner y pitó la pena máxima. Cristiano Ronaldo agarró el balón, y no perdonó desde los once metros para poner el empate.

A partir de ahí, el choque se rompió por completo. Diogo Costa mantuvo a Portugal con vida a base de auténticos milagros, llegando a sacar una mano espectacular para mandar al palo un disparo a bocajarro de Kovačić. A Croacia le volvieron a anular otro tanto por fuera de juego y, cuando ya todo el mundo firmaba la prórroga, llegó la locura total.

Ya sin Cristiano en el campo —se había marchado en el 81'—, Leão se sacó de la chistera un centro perfecto con rosca en el 94' y Gonçalo Ramos se elevó por encima de los centrales para meter un cabezazo ajustadísimo.

El 2-1 parecía la sentencia definitiva, pero todavía quedaba un susto final: en el descuento del minuto 103, Gvardiol marcó a placer, pero el VAR acabó anulando la jugada por un fuera de juego previo de Kramarić.

Los portugueses se medirán a España el próximo lunes para protagonizar uno de los mejores choques de esta ronda de octavos.