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Una recompensa de oro

Andrea Mendiguren y Daniel Cordero, karatekas del gimnasio Yin-Yang, se coronan en la Segunda Copa del Mundo celebrada en Vitoria tras años de constancia sobre el tatami

Andrea Mendiguren y Daniel Cordero posan en el gimnasio Yin-Yang para la entrevista concedida a este periódico.Pilar Barco

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Andrea Mendiguren y Daniel Cordero han convertido años de constancia, esfuerzo y pasión sobre el tatami en el que para ambos es su mayor logro deportivo hasta la fecha. Los dos se proclamaron campeones en sus respectivas categorías en la Segunda Copa del Mundo de KWF, celebrada en Vitoria, una cita con sabor especial al llegar delante de su gente en Mendizorrotza.

Andrea, de 23 años, comenzó en el karate cuando tenía “seis añitos”, primero en la modalidad de shotokan y como una extraescolar de su colegio. Lo hizo junto a su hermana melliza, Noor Mendiguren, alentadas por su padre, en parte, para que supieran “defenderse”.

Daniel Cordero, por su parte, empezó a los nueve años en su Tudela natal, animado por una amiga que hacía karate. Desde entonces, conectó “desde el primer momento” con un deporte que no tardó en convertirse en una parte central de su vida. “Siempre me ha encantado el karate y ha sido una prioridad para mí”, reconoce.

Ambos destacan del karate su disciplina y la sensación de que lo aprendido dentro del dojo puede aplicarse también fuera de él. “Desde pequeño sentí que todo lo que aprendía en el tatami podía extrapolarse a otros ámbitos de la vida”, resume Daniel.

“Todo lo que se aprende en el tatami puede aplicarse a otros ámbitos de la vida”

Daniel Cordero . Karateka del gimnasio Yin-Yang

Experiencia sobre el tatami

Hoy en día, tanto Andrea como Daniel entrenan en el Gimnasio Yin-Yang. Andrea se incorporó cuando en el colegio ya no tenía la opción de continuar con el karate. Daniel, después de entrenar en Tudela y pasar un tiempo estudiando en Zaragoza, hace cuatro años decidió moverse a Vitoria al sentir que era “el salto que necesitaba” para seguir creciendo en términos competitivos.

Además de los entrenamientos semanales, las competiciones se han convertido con el paso de los años en una parte importante de su evolución como karatekas. Los dos comenzaron compitiendo alrededor de los 12 años y, aunque al principio no lo vivían con la misma exigencia que ahora, poco a poco fueron enganchándose al ambiente competitivo.

Andrea Mendiguren y Daniel Cordero enfrente del gimnasio Yin-Yang.

“Al principio lo notábamos como si fuera un juego, una forma de ir con tus compañeros”, explica Andrea. “Hoy en día, como has invertido mucho tiempo y muchas ganas, quieres hacer un buen trabajo”, añade la karateka alavesa, que insiste en que no siempre basta con ganar si las sensaciones no son buenas.

Esa evolución también ha cambiado los entrenamientos. Daniel lo explica al hablar de la preparación específica para esta Copa del Mundo: “En algunos aspectos sí que ha sido más dura. Metimos muchas horas con mi entrenador, Javier Lezcano, para coger automatismos y entender cómo afrontar los combates. Hicimos hincapié en la parte táctica, pero sin descuidar la física ni dejar de cumplir con esa exigencia”.

Premio en Mendizorrotza

Gracias a esa preparación, ambos llegaron en gran forma a la Segunda Copa del Mundo de KWF, un campeonato internacional celebrado en Mendizorrotza con cerca de 500 competidores de 20 países. 

Daniel Cordero compitió en kumite sénior masculino de menos de 90 kilos y Andrea Mendiguren lo hizo en kumite sénior femenino de menos de 55 kilos. Daniel tuvo rivales internacionales en su camino, mientras que Andrea se enfrentó a competidoras nacionales a las que “ya conocía” de primera mano.

Andrea Mendiguren y Daniel Cordero en plena acción.

“Lo más importante para mí era estar satisfecha y a gusto con lo que había hecho”, detalla Andrea, que además acudía al campeonato con la convicción de que tenía posibilidades de ganar

Daniel, por su parte, afrontaba la cita con el reto de romper esas barreras que muchas veces impiden sacar la mejor versión en un deporte de contacto: los nervios, la presión y los miedos antes de saltar al tatami.

“Lo más importante para mí era estar satisfecha y a gusto con lo que había hecho”

Andrea Mendiguren . Karateka del gimnasio Yin-Yang

Tras el primer combate, que ambos lograron resolver con rapidez, los nervios iniciales comenzaron a desaparecer. Más liberados, ambos fueron abriéndose paso hasta plantarse en sus respectivas finales

La de Daniel tenía además un componente especial. Al otro lado esperaba un rival internacional que ya era un viejo conocido para él. “Ya había peleado contra él en la final del Campeonato del Mundo de Arabia Saudí el año pasado y me ganó. Sabía que iba a ser un combate muy exigente”, recuerda.

“Lo que más sentí al ganar la final de la competición fue una alegría inmensa”

Daniel Cordero . Karateka del gimnasio Yin-Yang

Esta vez, sin embargo, el desenlace fue diferente. Daniel logró tomarse la revancha en un combate duro que logró sacar adelante . “Fue muy exigente, pero finalmente se pudo”, resume. La victoria le dejó “una alegría inmensa” y una sensación de realización difícil de igualar. Más aún al lograrla delante de su gente, sus compañeros de gimnasio y sus amigos. “Fue perfecto”, admite.

Andrea también resolvió con éxito una final exigente en una pelea que terminó por decisión arbitral en el primer asalto. Se enfrentó a una rival de San Sebastián, con la que ya había coincidido en otros campeonatos durante el año.

Andrea Mendiguren y Daniel Cordero posan sobre el tatami.

La alegría fue doblemente especial por producirse en Vitoria y con su familia en la grada, algo poco habitual al competir fuera. “Normalmente no pueden venir”, explica Andrea.

Nada más terminar su combate y celebrarlo con su entrenador, Andrea se quedó pendiente de su hermana Noor, que poco después en la categoría de menos de 65 kilos y acabó subcampeona

“Estaba muy contenta porque estaba mi familia viéndome; normalmente no pueden venir”

Andrea Mendiguren . Karateka del gimnasio Yin-Yang

“Me quedé pegada al tatami porque ella salía justo después”, recuerda. No pudo ser el doble oro familiar, pero Andrea destaca el gran trabajo de su hermana y la felicidad compartida por lo vivido en Mendizorrotza.

Andrea Mendiguren y Daniel Cordero han demostrado que la constancia, la disciplina y las horas silenciosas de tatami acaban teniendo recompensa en forma de resultado. En su caso, llegó en casa, delante de los suyos y en una cita que ya forma parte de la historia reciente del karate alavés.