Vitoria ya está lista para convertirse en el epicentro del karate mundial. Mendizorrotza acoge entre el viernes y el sábado la 2ª Copa del Mundo de la Kyokushin World Federation, una cita del más alto nivel organizada por el gimnasio vitoriano Yin-Yang que reunirá a cerca de 500 competidores procedentes de 20 países. 

Entre ellos estarán Ekaitz Pinedo, David Salvador y Maddi Barona, tres karatekas vitorianos que competirán en casa. Todos ellos afrontan el torneo con “la expectativa de poder ganar”, pero, sobre todo, con el ferviente deseo de que “se refleje todo el trabajo” realizado durante los últimos meses.

Tres perfiles distintos, aunque claramente unidos por una misma pasión. “El karate es casi como enamorarse desde el momento en el que empiezas a ver cómo funciona todo, qué disciplina hay, cómo se comporta la gente… Hay un compañerismo que da gusto para entrenar”, explica Ekaitz Pinedo, de 20 años, que practica este arte marcial desde los 9.

En su caso, empezó en el karate cuando estaba “buscando algún deporte para hacer”. “Probé unos cuantos y luego un amigo que entrenaba en el Yin-Yang me dijo que probase y aquí me quedé”, recuerda más de una década después.

"El karate es casi como enamorarse desde el momento en el que empiezas a ver cómo funciona todo, qué disciplina hay y cómo se comporta la gente"

Ekaitz Pinedo - Karateka del gimnasio Yin-Yang

David Salvador, de 51 años, también encontró el karate cuando buscaba un deporte que encajara con él. “No me gustaba el fútbol y las artes marciales siempre me habían llamado la atención. Hacía judo en el colegio, pero cuando perdí esa posibilidad busqué lo que había cerca de casa. Encontré el gimnasio Yin-Yang y hasta hoy”, relata casi 40 años después.

Ambos se engancharon rápidamente. Y es que, como resume David, “si te gusta, es un deporte que es para siempre”.

Ekaitz Pinedo ejecuta una patada durante un entrenamiento antes de competir en la Copa del Mundo. Jorge Muñoz

Aun así, no todos los caminos son iguales, como demuestra Maddi Barona, de apenas 19 años, que empezó incluso antes. “A mí me apuntó mi padre cuando tenía 6 años y me quedé desde el primer día. Aunque sí que he estado en algunos momentos menos motivada, hasta que encuentras lo que más te gusta dentro del karate, que al final tiene muchas cosas, es normal”, admite.

Kata y kumite

Mientras Ekaitz y Maddi competirán en ambas modalidades, David lo hará únicamente en kata. Los entrenamientos son distintos en cada caso, aunque todos comparten una misma exigencia que aumenta según se acerca la competición. 

“Hoy en día normalmente dividimos las clases entre técnica, kata y kumite. Al final, los competidores suelen centrarse más en las clases de kata y de kumite, pero sin dejar las de técnica, porque es la base de todo”, enfatiza Ekaitz.

Cuando hay una competición en el horizonte, todo se vuelve más específico. “Cuando tenemos algo en mente, ahí ya son días, semanas y meses de entrenamientos muy enfocados a lo que tenemos que hacer y a cómo hacerlo el día de la competición”, añade David, que recuerda que en el tatami “solo tienes una oportunidad”. Por eso compara el kata “con una carrera de sprint”, donde meses de preparación se reducen a un único momento.

“Las competiciones son como una carrera al sprint; todo depende de pequeños detalles”

David Salvador - Karateka del gimnasio Yin-Yang

Pero el cuerpo no es lo único que llega preparado a una Copa del Mundo. El apartado mental también tiene un peso fundamental. Maddi ha probado diferentes estrategias, como apuntarse en el móvil las técnicas que quería realizar durante un combate. 

David Salvador ultima su participación en kata para la Copa del Mundo. Jorge Muñoz

Sin embargo, con el tiempo ha llegado a otra conclusión. “No me parece que funcione muy bien, porque te pone más cosas en la cabeza de las que deberías tener el día del campeonato”, admite. Para ella, la clave está en “confiar en todo el trabajo que has hecho”.

Buen sabor de boca

Las expectativas de los tres son altas. Ekaitz lo tiene claro: “Siempre se busca ganar, quedar primero. Es el sueño que tiene todo el mundo y te preparas justo para eso”. 

David también asume que el objetivo es ganar, aunque matiza que eso “solo es la expectativa”. “Viene mucha gente muy preparada, entonces dependes de a quién te enfrentas y de los jueces que te juzgan”, explica. Por eso, para él, la clave reside en bajar del tatami satisfecho y la conciencia tranquila.

Maddi Barona, durante un entrenamiento previo a la Copa del Mundo en el gimnasio Yin-Yang. Jorge Muñoz

En la misma línea se expresa Maddi, que espera un “nivel alto, seguro” en Mendizorrotza. La joven karateka tiene claro que todos acudirán con la intención de ganar, pero también quiere quedarse con una sensación positiva pase lo que pase. 

“Mi objetivo es salir con buen sabor de boca del tatami. Si es ganando, mejor, pero salir con buen sabor de boca es lo más importante”, revela.

Más allá del resultado, esta Copa del Mundo tendrá un valor especial para los tres por celebrarse en casa. Ekaitz destaca el trabajo del shihan José Luis Lezkano para traer a Vitoria “un campeonato tan grande”, mientras David lo define como “un escaparate muy importante a nivel mundial” para una ciudad que muchos visitantes podrán descubrir durante el fin de semana.

“Me encanta que se haga un campeonato internacional en Vitoria, competiremos en casa”

Maddi Barona - Karateka del gimnasio Yin-Yang

Para Maddi, además, competir en Vitoria supone una motivación extra al hacerlo cerca de los suyos y sin el desgaste de un largo viaje. Durante dos días, Mendizorrotza medirá técnica, potencia y precisión, pero también años de disciplina, meses de preparación y la ilusión de tres karatekas vitorianos ante una de las citas más importantes de su trayectoria.