Las calles de Vitoria se convirtieron este sábado en una auténtica pista de atletismo al aire libre con la celebración del vi half gasteiz. La prueba a pie, que recorría algunos de los puntos más emblemáticos de la ciudad antes de concluir en la Plaza de los Fueros, fue ganando intensidad tanto en lo deportivo como en lo ambiental a medida que avanzaba la competición. Durante los primeros kilómetros, el acompañamiento fue discreto, limitado principalmente a los clientes de las terrazas de bares y cafeterías y a los peatones que se encontraban con la carrera durante su paseo por el centro de la capital alavesa.
Con el paso de los minutos y la llegada de los primeros corredores a zonas como la calle Dato, la Virgen Blanca o el Casco Viejo, la presencia de aficionados comenzó a multiplicarse. Los aplausos se sucedían sin descanso y los ánimos no distinguían entre favoritos y participantes anónimos. Muchos espectadores buscaban el nombre escrito en el dorsal para personalizar sus gritos de apoyo. Durante unos segundos, cada corredor se convertía en protagonista. “Vamos, que vas muy bien” o “aprieta un poco más” eran algunas de las frases que más se repetían al paso de los atletas.
Pasión en ruta
La carrera vivió algunos de sus momentos más vibrantes con la llegada de los grupos de cabeza. Las primeras posiciones despertaban una atención especial entre el público, que seguía con interés la evolución de los líderes.
Las corredoras que peleaban por los puestos de honor recibieron una de las ovaciones más sonoras de la tarde, aunque los atletas locales tampoco pasaron desapercibidos. Cada vez que aparecía un deportista conocido por los aficionados vitorianos, el volumen de los aplausos aumentaba varios decibelios, convirtiendo cada paso en un impulso extra para seguir manteniendo el ritmo.
Uno de los puntos decisivos del recorrido volvió a ser la subida de San Francisco hacia la zona alta de la ciudad. Allí, donde el desgaste comenzaba a hacerse evidente y las piernas acumulaban ya muchos kilómetros de esfuerzo, se concentró el mayor calor para los atletas.
Los aficionados entendieron que aquel era uno de los lugares donde más podían ayudar. Los corredores respondían apretando los dientes mientras recibían una inyección de energía desde ambos lados de la calle. En algunos casos, el ambiente recordaba al de las grandes clásicas ciclistas, con los espectadores prácticamente empujando con su voz a los participantes.
No muy lejos de allí también se vivieron escenas que reflejaban el carácter popular de la prueba. Algunos aficionados corrían de una calle a otra para llegar a tiempo de ver pasar nuevamente a familiares, amigos o simplemente a corredores que les habían llamado la atención durante la mañana.
Esa movilidad constante permitía que el apoyo apareciera en lugares inesperados, sorprendiendo a muchos participantes que encontraban una nueva dosis de energía cuando más la necesitaban. “Es increíble cómo anima la gente aquí”, comentaba uno de los corredores tras cruzar la meta en la Plaza de los Fueros.
Empuje popular
La diversidad del público fue otra de las imágenes destacadas de la jornada. Jóvenes, familias, cuadrillas de amigos y personas mayores siguieron el desarrollo de la prueba desde distintos puntos del recorrido. Muchos no se conformaron con permanecer en un único lugar y se desplazaron por varias calles para animar varias veces a los mismos corredores.
Incluso en los tramos más tranquilos, donde apenas había espectadores, bastaba la presencia de una terraza concurrida para generar un pequeño foco de animación capaz de romper el silencio y mantener viva la atmósfera competitiva.
La conexión entre atletas y aficionados fue constante desde el inicio hasta la llegada. Los corredores chocaban las manos de los niños que se acercaban a las vallas y agradecían los ánimos con gestos de complicidad. Mientras tanto, familiares y amigos exhibían pancartas y mensajes personalizados, reflejando el espíritu de un vi half gasteiz que volvió a demostrar que el atletismo popular también se vive desde la calle.